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29 ene. 2020

Ni apocalípticos ni integrados: los efectos pragmáticos del uso de las redes sociales

A comienzos de los ‘60, el semiólogo Umberto Eco nos advertía que suele haber dos posturas antagónicas frente a los medios masivos: una apocalíptica, concentrada en efectos catastróficos, y otra integrada, enfocada en efectos utópicos. Un relevamiento de las investigaciones sobre el uso de las redes sociales en Iberoamérica muestra que no resulta productivo adoptar ninguna de estas dos posturas. Lo que surge, en cambio, es la prevalencia de efectos pragmáticos: ahí donde las lógicas y procesos institucionales siguen siendo fuertes, el uso de las redes ha tendido a propiciar cambios moderados; por el contrario, en contextos sociales menos establecidos, la adopción de las redes ha propulsado lógicas nuevas.
Estas son las conclusiones que surgen de un análisis de 160 textos académicos y reportes provenientes de organismos internacionales y think tanks. Los resultados del estudio han sido publicados por la revista española El Profesional de la Información, en un artículo accesible de forma abierta y gratuita.
Instituciones públicas con cambios moderados. Solemos esperar un gran potencial de parte de las llamadas “nuevas” tecnologías de la información y la comunicación a la hora de modificar instituciones de la vida pública, y las redes no son la excepción a ese deseo. Desde su surgimiento, gran cantidad de investigaciones se han preguntado por la capacidad de estas plataformas de transformar la gestión de las campañas electorales, la comunicación entre gobiernos locales y ciudadanía, y la producción y circulación de noticias.
En algunos casos, se comprueban cambios novedosos. Un trabajo realizado en 2017 por la académica Magdalena Saldaña y colegas indica que las redes sociales, sobre todo Twitter, se han legitimado como fuente válida para la labor periodística en medios de América Latina, que se ha tornado más participativa. Pero en muchos otros casos lo que prevalece es la lógica de los medios tradicionales, como la televisión o la radio. Aunque las redes técnicamente den la posibilidad de un espacio de comunicación de ida y vuelta entre gobierno y ciudadanía, se comprueba un uso donde el gobierno le habla a la ciudadanía, pero no viceversa. Los investigadores Roberto Rodríguez-Andrés y David Álvarez-Sabalegui, en un trabajo de 2018, reúnen información sobre el uso de redes sociales como Instagram, por parte de parlamentos españoles, y encuentran una comunicación sobre todo informativa, alejada de la participación y la interacción.
Si para ciertas instituciones de la vida pública, el cambio imaginado de las redes ha tendido hacia la lógica tradicional de los medios, el panorama es distinto para áreas como educación, salud, y turismo. Acá aparecen más elementos novedosos que en otras instituciones sociales. Muchas universidades de la región, por ejemplo, establecen prácticas comunicacionales en redes como Twitter que movilizan a sus comunidades educativas, según los resultados de un trabajo de 2012 hecho por la especialista Alba Patricia Guzmán-Duque y colegas. En salud, los canales tradicionales de comunicación ven el surgimiento de foros paralelos de debate. Esto puede tener consecuencias significativas para temas centrales de salud pública, como el del discurso antivacuna, tal como indica un trabajo de 2019 de Ubaldo Cuesta-Cambra y equipo. Finalmente, el ámbito del turismo también vive transformaciones relevantes. Un estudio de Isabelle Simões Marques y Michèle Koven, publicado en 2017, muestra cómo jóvenes que emigran desde Portugal hacia Francia resignifican su experiencia de diáspora a través de grupos de Facebook, donde comparten y construyen experiencias colectivas de viajes turísticos.
Grupos sociales empoderados. Especialmente desde los sucesos de la llamada Primavera Árabe, muchos estudios se han interesado por entender si las redes sociales pueden ser utilizadas para la organización de la acción colectiva, y la visibilización de los intereses de diversas minorías. En Iberoamérica, la apropiación de las plataformas se ha asociado a procesos de empoderamiento por parte de distintos grupos sociales. La investigadora Carolina Matos, en un artículo de 2019, indaga acerca de la relación entre feminismos y redes para el caso de Brasil, y encuentra que estas pueden funcionar como espacios transnacionales para la circulación de discursos contra-hegemónicos.
El caso de Ni Una Menos ilustra el impacto que las redes pueden tener en la articulación y el alcance de reclamos sociales. El especialista Luis Carlos Castro estudia, en un trabajo de 2018, cómo la territorialidad y la virtualidad se combinaron en este caso para facilitar una comunicación horizontal, viralizar la difusión de la convocatoria, y reunir a distintos grupos alrededor de una misma causa. Para su tesis de maestría, la estudiante Cecilia Sjöberg entrevistó en 2018 a activistas del colectivo y demostró que plataformas como Facebook, Twitter y WhatsApp fueron herramientas centrales para difundir información y generar lazos de solidaridad a la distancia.
Las comunidades marginadas también ven en las redes sociales un lugar de empoderamiento. La académica Nell Haynes escribe, en su libro de 2016, acerca de los modos en que una comunidad chilena históricamente marginada construye y afirma su identidad local a través de redes como Facebook. Algo similar se comprueba para el caso de una favela en Vitória, Brasil, analizado por el investigador David Nemer en 2016. Según el autor, un uso no instrumental de las redes sociales termina por reforzar lazos comunitarios, facilita oportunidades de aprendizaje, y abre posibilidades económicas.
Estos hallazgos sugieren que la mera existencia de las redes sociales en la región iberoamericana no trae aparejada consigo la transformación radical de hábitos institucionales o sociales. Las redes son parte de un sistema mediático más abarcador e híbrido, como plantea el investigador Andrew Chadwick, donde las lógicas de los medios tradicionales se chocan y entrelazan con aquellas de los nuevos medios. Es en ciertos grupos, en relación con usos específicos, y a través de mecanismos puntuales que se observan cambios significativos.
Por lo tanto, ni apocalípticos ni integrados: el siglo XXI parece ser la etapa de los efectos pragmáticos. El tiempo dirá si las variaciones moderadas en instituciones establecidas se acumularán dando lugar a transformaciones radicales, y si los usos más innovadores que se ven en espacios menos establecidos darán lugar a un nuevo statu quo. Lo que sí empieza a quedar claro es que las visiones distópicas de redes todopoderosas que corrompen la democracia y generan adicción a las pantallas tienen más seducción como relato que basamento científico.
Mora Matassi es licenciada en comunicación (Universidad de San Andrés), magíster en Tecnología, Innovación y Educación (Harvard University) y doctoranda en Comunicación y Tecnología (Northwestern University).
Pablo J. Boczkowski es profesor en el departamento de estudios de la comunicación de Northwestern University en Estados Unidos. Codirector del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO).


5 cosas que deberías borrar de tus redes sociales (y que puso en evidencia la serie de Netflix)







Elizabeth Lail
Image captionEn "You", Guinevere Beck (interpretada por la actriz Elizabeth Lail, en la imagen) es acosada por el Joe Goldberg.

Hace poco se estrenó en Netflix la segunda temporada de "You", una serie sobre un hombre que acosa a una joven de una forma perturbadora.
Desde el principio, You pone en evidencia cómo las fotos, los datos, las reflexiones que muchas veces publicamos en las redes sociales de forma inocente y sin preocuparnos por las consecuencias, pueden terminar siendo usados en nuestra contra.
La serie, que está basada en la novela homónima de Caroline Kepnes, relata cómo el vendedor de libros Joe Goldberg intenta enamorar a la aspirante a escritora Guinevere Beck y, para ello, entre otras cosas, usa la información que ella comparte en las redes sociales.
"Joe sabe muy bien que Instagram es una mentira, Twitter son puros robots y Facebook un hoyo negro, pero también sabe que ahí es donde están las cosas interesantes para él", escribió para el diario The Guardian el periodista experto en televisión James Donaghy.
Y añadió: "El conocimiento es poder y cada gramo autorrevelador que extrae de esos lugares inclina aún más la balanza a su favor en su búsqueda de Beck".
Pero aunque siempre deberías pensarlo dos veces antes de publicar en las redes, hay información con la que deberías tener especial cuidado. Y si la publicaste, es mejor que la borres.







Dos mujeres haciendo el símbolo de la paz frente a la cámara.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEste gesto no es tan inofensivo como parece...

1. Huellas digitales

Posar para una foto haciendo el símbolo de la paz es habitual en muchas partes del mundo. Pero ¿y si ese inocente gesto estuviera poniéndonos en riesgo frente a los hackers?
Isao Echizen, un investigador del Instituto Nacional de Informática de Japón (NIII, por sus siglas el inglés), advierte que mostrar a la cámara la parte interna de los dedos índice y corazón puede facilitar que nos roben la identidad.
Según el especialista, las nuevas tecnologías permiten ampliar las imágenes fácilmente y llegar a escanear gráficamente las huellas dactilares, especialmente si los dedos están "expuestos a una fuerte iluminación".
Para demostrarlo, el profesor realizó un experimento con fotografías en las que los sujetos mostraban las yemas de los dedos hasta a tres metros de distancia.
Echizen le aseguró a BBC Mundo que una vez escaneadas, las huellas quedan "ampliamente disponibles" para su reproducción indiscriminada, algo que "cualquiera puede hacer".
Según el experto, es un comportamiento cada vez más peligroso, por el auge de las mediciones biométricas para garantizar la seguridad en dispositivos móviles como el celular.







VacíaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPublicar que estas de vacaciones, también estás diciendo que tu casa está vacía.

2. Tu destino de vacaciones

Informar a través de las redes de cuál va a ser tu destino de vacaciones tiene varios riesgos.
Por un lado, pones sobre aviso a posibles asaltantes en el lugar, y por otro, anuncias que dejas tu casa vacía,a merced de los ladrones.
De acuerdo a un estudio publicado en 2018 en Reino Unido, cerca del 22% de los encuestados reconoció que les habían robado en la vivienda mientras estaban de vacaciones. Todos los participantes habían publicado las fotos de sus días libres en las redes sociales.
Según al periodista experto en temas de tecnología y redes sociales Nilton Navarro, hay algunas compañías que podrían no cubrirte en caso de robo si mostraste en Facebook o Instagram lo feliz que fuiste en la playa.
"Algunas empresas consideran que, de alguna manera, tú eres responsable del robo por hacer pública tu ausencia", señaló en su blog NiltonNavarro.com.
Además de tu destino vacacional, tampoco deberías publicar fotos de la tarjeta de embarque del vuelo al que vas a subirte.
Y es que de ella se pueden extraer los datos que compartiste con la aerolínea y hasta del número de la tarjeta de crédito con la que hiciste la compra.





Cumpleaños.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa fecha de tu cumpleaños es otro de los datos que no deberías compartir

3. Fecha de cumpleaños

"Para que alguien te robe la identidad y cometa fraudes en tu nombre, en muchos países solo basta con tener tu nombre, dirección tu fecha de nacimiento. Así de sencillo", escribió en el diario británico The Telegraph la analista de seguridad informática Amelia Murray.
Es común que te feliciten por tu cumpleaños a través de las redes sociales, y que incluyan el dato de cuántos años cumples. Eso hace fácil calcular cuándo naciste.
"La fecha de nacimiento es una parte crucial de la identificación, ya que es el único dato que nunca cambia. Y una vez que se publica en línea, está disponible para siempre", señaló John Marsden, de la empresa Equifax.
Además, como señala Navarro, muchos usan -otro hábito que hay que cambiar- su fecha de cumpleaños como contraseña, lo que hace vulnerable la información que tienen en redes sociales y emails.





Teléfono.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionNuestro teléfono personal tiene guardada una gran cantidad de información íntima.

4. El número de teléfono personal

Si lo piensas bien, tienes guardada en tu celular personal una gran cantidad de informaciónfotos, emails, acceso a la mayoría de tus redes sociales.
Por esa razón, los expertos señalan que publicar el número de teléfono personal es abrir la puerta a varias amenazas y que puede poner en serio riesgo tu privacidad.
"Si alguna vez usaste tu teléfono inteligente para pagar algo en línea, un hacker experto podría obtener la información de la tarjeta de crédito simplemente teniendo el número", señaló James Robbins, del portal de seguridad virtual Mighty Call.
Por eso, los expertos recomiendan tener un número profesional que se pueda compartir.

5. Las fotos de tus hijos (o de niños en general)







padre e hijaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption¿Cuánta información sobre tus hijos compartes en las redes sociales?

¿Cuánto compartes en internet sobre la vida de tus hijos?
¿Y hasta qué punto quieres ver información sobre la vida de los hijos de los demás en las redes sociales?
El sharenting —un término que hace de la combinación de las palabras inglesas share (compartir) y parenting (paternidad)— consiste en documentar las primeras sonrisas, palabras, pasos... y cada una de las anécdotas de los más pequeños en Facebook, Instagram y otras redes sociales.
Sin embargo, según la compañía de servicios financieros Barclays, el sharenting es una puerta para los fraudes en internet.
De acuerdo a la entidad, muchos padres están comprometiendo la futura seguridad financiera de sus hijos (y la suya propia) al compartir sin medida datos de los menores en la red.
De hecho, la empresa calcula que para 2030 el sharenting costará más de US$870 millones en fraudes en línea —siendo responsable de dos terceras partes de las suplantaciones de identidad en la próxima década— y que cometer estafas por internet "nunca fue tan fácil".

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