Las frutas y verduras y demás productos frescos son realmente beneficiosos para nuestra salud, aunque tienden a perecer rápidamente si no se consumen pronto. Esto se debe a que las plantas continúan con sus procesos biológicos, incluyendo la respiración, en la que producen energía a partir de carbohidratos, proteínas y grasas almacenadas, liberando dióxido de carbono y vapor de agua.
Con guardarlos en el frigorífico no basta, pues cada producto fresco reacciona de manera diferente al almacenamiento. Entonces, ¿cómo podemos combatir el desperdicio de alimentos y mantenerlos en buenas condiciones por más tiempo? El doctor Senaka Ranadheera, científico de los alimentos y profesor en la Universidad de Melbourne (Australia), ofrece una serie de recomendaciones para ello.
Los agricultores intentan cosechar los productos en condiciones óptimas, pero tanto los factores previos como posteriores a la cosecha afectan la frescura y la calidad antes de que lleguen a nuestras manos. Entre los factores precios se incluyen las condiciones climáticas, el tipo de suelo y la disponibilidad de agua, mientras que los factores posteriores a la cosecha abarcan el lavado y limpieza, el transporte y distribución, el procesamiento y envasado, y el almacenamiento.
Como consumidores, no podemos controlar directamente estos factores; a veces, las verduras que compramos simplemente no son tan buenas. Sin embargo, podemos estar atentos a los productos que elegimos para no seleccionar aquellos que están dañados, ya que estos se descomponen más rápido debido a la pérdida de humedad y la entrada de microbios perjudiciales.
Por otra parte, el almacenamiento adecuado requiere el tipo correcto de embalaje y la ubicación correcta para controlar la pérdida de humedad, la descomposición y la maduración. Las principales opciones de almacenamiento son en la encimera, en el refrigerador o en un lugar fresco, seco y oscuro, como la despensa, y cada una de ellas es preferible para uno u otro alimento:
Plátanos, cebolla, ajo, patatas, boniato y calabaza entera: mejor en una despensa oscura. Lo ideal es no almacenar patatas y cebollas juntas, ya que las cebollas producen etileno, acelerando la descomposición de las patatas, mientras que la alta humedad de las patatas daña las cebollas.
Frutas como manzanas, peras, aguacates y plátanos no deben guardarse juntas porque el etileno que liberan puede hacer que las frutas cercanas maduren y se echen a perder más rápido.
Verduras de hojas verdes, zanahorias, pepinos, coliflor y brócoli: mejor en el cajón de baja humedad de la nevera, en bolsas de plástico perforadas para retener la humedad y permitir el flujo de aire.
Algunas frutas, como manzanas y cítricos, se mantienen frescas por más tiempo en el frigorífico, aunque pueden permanecer a temperatura ambiente por períodos cortos.
Hierbas y algunas verduras de hoja, como el apio, las cebolletas y los espárragos, se pueden conservar con los tallos en agua para mantenerlas crujientes. Es mejor mantenerlas en un área bien ventilada y alejada de la luz solar directa.
Siguiendo estos consejos que ofrece el experto, podemos mantener los productos frescos por más tiempo y reducir el desperdicio de alimentos.
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