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Realidad virtual y robótica para reparar el cerebro tras una lesión

El daño cerebral adquirido es toda aquella lesión que se produce de manera repentina e inesperada en el cerebro como consecuencia de múltiples factores e independientemente de la edad. Dicha lesión puede ocasionar un gran abanico de dificultades tanto físicas como mentales, desde alteraciones en el lenguaje, problemas de memoria o la parálisis de una parte del cuerpo.
La unidad de daño cerebral del Hospital Beata María Ana, premio ABC Salud 2019, dispone de un equipo de profesionales capaz de detectar y minimizar estas dificultades mediante un plan de rehabilitación que combina el tratamiento convencional con la tecnología robótica. A su vez, ha puesto en marcha diferentes proyectos de investigación donde evalúa la eficacia de nuevas terapias, como la realidad virtual o la estimulación magnética extracraneal.
La unidad del Hospital Beata Ana María, perteneciente a la congregación de las Hermanas Hospitalarias, se fundó en el año 1999 en Madrid con el objetivo de atender adecuadamente a los pacientes con daño de cerebral. No son precisamente pocos. Según la Federación Española del Daño Cerebral, en España hay más de 420.000 personas afectadas por daño cerebral adquirido o DCA. Una lesión causada principalmente por el ictus y el traumatismo craneoencefálico.











Desde su fundación, más de 4.000 pacientes han sido tratados por el equipo de expertos de la unidad. Un equipo transdisciplinar que aglutina todas las disciplinas necesarias para el diagnóstico y tratamiento de las lesiones cerebrales. Desde un médico rehabilitador, un neurólogo, médico internista, así como un psiquiatra.
Por otro lado, según informa el jefe de la unidad de daño cerebral, Marcos Ríos, una serie de especialistas se encarga de realizar la terapia en sí. Estos son, el fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, logopeda y neuropsicólogo. «El fisioterapeuta se encarga sobre todo de aspectos físicos, miembros inferiores y la recuperación de la deambulación. Mientras que el terapeuta ocupacional de las actividades de la vida diaria (aprender de nuevo a vestirse, asearse, cocinar, etc)», según explica el doctor Marcos Ríos.
El paciente no es el único que recibe la atención de los especialistas, también las familias. Así lo indica el doctor: «Tenemos una psicóloga que trabaja específicamente con las familias. Las familias son coterapeutas que ayudan a realizar la terapia y tienen además un papel como paciente. Ya que sufren también las consecuencias de la lesión al perder a su persona de apoyo».
El terapeuta ocupacional también es responsable de la rehabilitación de miembros superiores. De acuerdo con el doctor Marcos Ríos, «en los últimos 10 años se han adquirido muchos robots que permiten optimizar el tratamiento de miembros superiores, así como plataformas de deambulación para recuperar la marcha».

Más funcionalidad en tres meses

La incorporación de la tecnología robótica ha mejorado la recuperación de los pacientes. De tal forma que, según afirma el terapeuta ocupacional especializado en tecnología robótica de la unidad, Pedro Serrano: «En tres meses se recupera más del 60% de la funcionalidad del miembro superior utilizando la sinergia de la rehabilitación convencional más las nuevas tecnologías».
Así, el uso de robots se recomienda actualmente como un complemento del tratamiento rehabilitador convencional. Ya que, como señala el terapeuta Pedro Serrano, «todavía no hay evidencia de que utilizar las nuevas tecnologías de forma aislada vaya a conseguir el mismo resultado». Aparte del uso del robot, existen una serie de tecnologías que, pese a que aún no forman parte del servicio del Hospital Beata Ana María, actualmente se evalúa su eficacia mediante distintos proyectos de investigación. Entre ellos, destaca la realidad virtual y técnicas como la estimulación magnética extracraneal o la estimulación transcraneal con corriente continua o TDCS, por sus siglas en inglés.
Estas nuevas terapias se están poniendo a prueba en pacientes con ictus y traumatismo craneoencefálico desde hace cuatro años. En cuanto a los resultados, según asevera el doctor Marcos Ríos, «estamos viendo que en los pacientes donde se utiliza estas tecnologías, siempre acompañados de procesos de rehabilitación convencional, mejoran más que los que solamente se someten a uno estándar». Esto será de práctica clínica de aquí a tres años como parte de los tratamientos habituales.
Por otro lado, la realidad virtual va a adquirir un mayor protagonismo. Así lo cree el terapeuta ocupacional Pedro Serrano. «Nos permitirá acelerar el aprendizaje motor y lograr así los mismos resultados en menos tiempo. Si estimulamos antes las áreas de control motor de un dedo antes de pedirle que mueva la mano, sabemos que estamos preparando ese cerebro para lo que viene después, la ejecución motora».
Aún con todas sus virtudes, no todos los pacientes son candidatos para someterse a este tipo de tecnología. Así, como explica la responsable de fisioterapia de la unidad, Paloma Fernández, se evalúa previamente el perfil psicológico de cada paciente para ver si encaja en la rehabilitación con robótica. «Las personas mayores suelen tener menor adherencia al tratamiento, aunque te puedes llevar alguna sorpresa», según indica la fisioterapeuta. De esta forma, cuándo y cómo hacer uso de la robótica dependerá de cada paciente, de su evolución e incluso puede ser de ayuda para que se adhiera al tratamiento convencional.
No existe una terapia estándar para los pacientes con daño cerebral. Los programas de rehabilitación de la unidad son personalizados. Como explica la médica rehabilitadora de la unidad, Paulina Oliva, «no puedes trabajar con la misma técnica en todos los pacientes. Por ejemplo, no puedes aplicar la punción seca (técnica en la que se utilizan agujas similares a la acupuntura para relajar los músculos) si tienen pavor a las agujas».
El equipo de rehabilitación trabaja con objetivos a corto plazo, de mes a mes. Con el fin de que los pacientes reanuden la mayor parte de las actividades que realizaban antes de su lesión cerebral. La duración de los tratamientos puede cambiar en función de la gravedad de cada paciente. Como indica el coordinador de la unidad, Marcos Ríos, «un paciente que haya sufrido un traumatismo craneoencefálico leve se recupera completamente en un periodo máximo de seis meses». En cambio, los tratamientos suelen ser más largos en los casos moderados y graves. Pueden durar un año o incluso prolongarse durante más tiempo. «En algunos pacientes es recomendable que se mantenga un tratamiento de mantenimiento», según asevera el doctor. Tras el tratamiento, las posibilidades de recuperación van a depender de la gravedad de los síntomas. Así lo explica el jefe de la unidad: «Muchos se recuperan como para reincorporarse al trabajo con algunos cambios y adaptaciones. En cambio, otros pacientes quedan en una situación de dependencia. En cualquier caso, la rehabilitación siempre es necesaria.

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