Tal y como explica en un artículo Rolling Stone, cuando Taylor Swift dio un concierto en el Rose Bowl el pasado mes de mayo, el equipo de la cantante implementó un nuevo e innovador sistema durante el directo: tecnología para hacer un seguimiento de los posibles acosadores.
Según el medio, durante la actuación se instaló una tienda pequeña desde donde se estaban reproduciendo los clips del concierto. Sin embargo, lo que mayor parte del público no sabía es que una pequeña cámara oculta detrás de la tienda era una cámara de reconocimiento facial que estaba tomando fotos y transfiriéndolas a un “puesto de mando” con sede en Nashville.
Luego, esas imágenes pasaban a verificarse con una base de datos de la aparentemente gigantesca lista de acosadores con los que cuenta Swift, una que al parecer asciende a cientos según la publicación. Como explicó Mike Downing, director de seguridad de Oak View Group y una de las personas que estuvo viendo en acción la tecnología:
Todos los que pasaban se detenían y lo miraban, y el software entonces comenzaba a funcionar.
Aunque el uso de esta tecnología sigue siendo “inteligente”, ya no solo para acosadores, sino para la detección de posibles actos terroristas, no deja de ser espeluznante y abierto al debate, ¿cómo se verifica que esas imágenes no se almacenarán o se podrán utilizar en el futuro? [Rolling Stone]