Chemsex: Sexo de alto riesgo

El uso de drogas para tener mejor sexo o para atreverse a tenerlo es un clásico de la humanidad, pero en las grandes ciudades y entre hombres que tienen sexo con hombres adquiere actualmente talla de problema de salud pública, reconocido como tal en Barcelona y Madrid, porque las consecuencias empiezan a ser visibles en consultas de hospital e incluso en urgencias. Este año en el Clínic, por ejemplo, han atendido en ­urgencias casos “con depresión del sistema nervioso central, pérdida de conciencia, algunos necesitaron ser intubados. Y dos personas murieron”, relata José Luis Blanco, médico de la unidad de VIH del hospital. “Y en la consulta de VIH, el 40% practica chemsex y en la de infecciones de trans­misión sexual, entre el 55% y el 60%”. Así que es ya un problema de salud pública de grandes urbes por los múltiples efectos de las drogas, por la natural multiplicación de contagios y por lo que se deja de hacer al perder la sensación de que hay algún riesgo.
Esta práctica de grandes sesiones de sexo en fiestas privadas o en saunas, que pueden convocar a un número elevado de participantes con una simple aplicación del móvil y que se prolongan e intensifican gracias al uso de múltiples drogas a buen precio y fácilmente disponibles tiende a crecer. Nadie se atreve a asegurar cuán grande es el fenómeno, pero para Stop Sida, entidad dedicada a la prevención del VIH, entre el 10% y el 20% de los hombres que tienen sexo con hombres participa de él.
Metanfetamina, coca, GHB y viagra son las más frecuentes y a menudo se usan a la vez
Al margen de cuántos, en Stop Sida decidieron realizar un estudio cualitativo, analizar en profundidad cómo es el fenómeno explicado por sus propios usuarios y lo han hecho con un grupo de personas que atendieron en su servicios de apoyo psicológico y social a lo largo de dos años. Es el primer perfil local que se hace del chemsex y sus autores, que han contado con el apoyo de la Agència de Salut Pública de Catalunya, creen que es importante conocer la realidad propia para proporcionar asistencia y prevenir con eficacia “y no limitarse a hablar de oídas de lo que pasa en otros países”.
Las personas que en Barcelona practican chemsex tienen mayoritariamente entre 30 y 40 años, estudios universitarios, principalmente españoles y, entre los extranjeros, sobre todo, de países latinoamericanos. Para las sesiones utilizan una amplia variedad de sustancias, siempre dos o más cada vez, y las que más abundan son la metanfetamina, la GHB, cocaína, viagra y popper. La de mayor impacto y probablemente la que más acrecienta el fenómeno es la extensión de la tina, la metanfetamina, que sustituye a menudo el uso clásico de la cocaína, porque resulta más barata y accesible. Pero que es también la más peligrosa, porque provoca más rápidamente adicción, inhibe el sueño y el cansancio, lo que facilita la celebración de maratones sexuales. Los autores del estudio consideran que esa droga supone un punto de inflexión en el crecimiento del fenómeno, prácticamente exclusivo del mundo gay, donde también clásicamente hay una mayor desinhibición a la hora de usar drogas.
El perfil más frecuente es el de español entre 30 y 40 años, universitario y con pareja
Lo más frecuente, según se refleja en el estudio de Stop Sida, es que las maratones de sexo duren 24 horas, seguidas de las que duran 48, todo el fin de semana. Y cada semana. Las sesiones no solo se celebran en fiestas privadas a las que se suman participantes convocados vía aplicación de móvil, o en saunas abiertas 24 horas. “También hay chemsex individual y cibersexo mientras se consumen drogas, uno a uno o en grupo”, explica Percy Fernández Dávila, responsable de investigación de la entidad. En todo caso, se trata de sexo mayoritariamente sin condón, con un 65% de personas con VIH y con infecciones de transmisión sexual en 2 de cada 3 y hasta un 17% de casos con hepatitis C en el último año. Y según el estudio, cuando se les pregunta a los usuarios por el nivel de satisfacción que logran, el 42 por ciento admite que sólo les satisface “a veces”.
La percepción de peligro no pesa mucho entre los usuarios del chemsex, pero sí hay un reconocimiento de que da problemas: no se presentan en el trabajo, pierden amigos y hasta la pareja (la mayoría tiene pareja) porque se les pasó ir a casa o que habían quedado, la vida se vuelve muy revuelta; o directamente detectan efectos de las drogas en su ­salud.
Entre pacientes con VIH tratados en el Clínic, el 40% dice practicarlo
Las motivaciones para acudir a esta forma de relacionarse sexualmente, además de para mejorar la experiencia sexual propiamente dicha, incluyen colmar otras muchas necesidades psicosociales: personas que no se atreven a tener relaciones con el mismo sexo o realizar determinadas prácticas si no es mediante drogas; jóvenes sin redes sociales y que de esta forma encuentran o creen encontrar un grupo; historias de malos tratos en la adolescencia; dificultades para implicarse emocionalmente...
“La frecuencia nos preocupa y va en crescendo”, apunta el especialista del Clínic. Pero ni los expertos en drogas, ni los especialistas en salud mental ni los dedicados al VIH consiguen abordar correctamente el problema. Se sabe poco y no es sólo un problema de drogas. Ni sólo de sexo. Por eso abrirán una consulta específica para ofrecer asistencia más adecuada.
“Estamos a tiempo de poder actuar”, señala Percy Fernández Dávila. “Si la tina salta a la sociedad en general será catastrófico. Ahora aún está concentrada”, advierte. El Ayuntamiento de Barcelona estudia crear un circuito de atención en el que participarán los hospitales y algún centro de seguimiento de drogas, como el de Sants. “La gran mayoría de los encuestados no sabía adónde acudir para pedir asesoramiento o ayuda”, detallan los autores del estudio.
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