El 99% de los exjugadores de fútbol americano sufren daños cerebrales


Un grupo de científicos hallan signos de Encefalopatía Traumática Crónica en prácticamente todos los cerebros de jugadores fallecidos de la NFL.
Un total de 202 cerebros de jugadores de fútbol americano fallecidos donados a la ciencia han sido analizados en busca de daños cerebrales. Y los resultados han revelado un problema de gran envergadura, después de que en el 87% de ellos hallan encontrado signos de Encefalopatía Traumática Crónica (CTE), el nombre de la enfermedad que, desde que se realizan este tipo de estudios, es la bestia negra de los deportistas que reciben golpes en la cabeza.
El balance es aún peor si se centra el foco en el porcentaje de jugadores que compitió en la NFL estadounidense. En este caso, todos los cerebros analizados, salvo uno, mostraron signos de CTE. Un dato que se traduce en todo tipo de problemas de memoria y alteraciones del humor y del comportamiento cuando los fallecidos aún se encontraban en vida. Eso es lo que debieron padecer, posiblemente sin ser conscientes de ello, la gran mayoría de jugadores de fútbol americano de alto nivel.
Este estudio, publicado recientemente en la prestigiosa «Journal of the American Medical Association», alerta todavía más sobre la CTE. Según los conocimientos actuales, sabemos que, como consecuencia de los golpes recibidos en la cabeza, se produce la formación de agregados de la proteína Tau, similares a los que se forman en las personas que padecen alzheimer, y que provocan que las neuronas pierdan sus funciones normales, extendiéndose, además, hacia las células vecinas.

Consecuencias graves

Las personas que padecen CTE pueden tener dos consecuencias graves. En primer lugar, pueden desarrollar síntomas similares al alzheimer, es decir, un deterioro cognitivo, años después de haber dejado de practicar fútbol americano. La segunda opción es peor, puesto que la enfermedad puede aparecer cuando el paciente es más joven, provocándole las alteraciones del comportamiento y estado de ánimo que antes mencionábamos.
Los responsables de este estudio mostraron cierta prudencia respecto a la posible existencia de sesgos en la selección de los pacientes. Por esa razón apuntan que, probablemente, los cerebros donados sean aquellos con síntomas más graves, debido a que sus familiar estén más interesadas y concienciados con que se realice el estudio que aquellos cuyos familiares fallecidos no tengan alteraciones importantes.

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