
El domingo se coronó campeón del US Open, el segundo “grande” de su carrera después del Abierto de Francia este mismo año. Si continúa jugando así, no sería raro que terminara 2026 como número 1 del mundo por delante de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, los grandes dominadores de los últimos años.
“Tú eres quizá el mejor jugador del mundo esta temporada”, dijo Ben Shelton a su rival durante la entrega de trofeos. “Trabajas más duro que nadie. Metes más horas en la pista que nadie. Te lo mereces”.

Con la victoria en Nueva York se lleva además $5.5 millones de dólares, el mayor premio de la historia del tenis, misma fortuna que recibió un día antes Elena Rybakina, la ganadora en féminas.
“Pasamos 30 años sin ganar un Grand Slam y hemos ganado dos en tres meses”, dijo Zverev dirigiéndose a su equipo. “Nadie más que ustedes sabe por lo que hemos pasado y lo que hemos sufrido”.

Duelo de sacadores
Con el Arthur Ashe, el estadio de tenis más grande del mundo, volcado a su favor, Shelton, 23 años, aspiraba a convertirse en el primer estadounidense en ganar un Grand Slam masculino desde Andy Roddick en 2003 en esta misma pista. Para ello necesitaba más que nunca de su potente saque, que llegó a alcanzar 149 millas por hora, el récord del torneo. Pero en frente tenía un servicio no menos efectivo. Además, Zverev escondía un as bajo la manga.
Ser zurdo se considera una ventaja en el mundo del tenis. Los zurdos, como Shelton, están acostumbrados a jugar contra diestros, de los que hay muchos más. Pero no ocurre al revés. Jugar contra un zurdo nunca es fácil para un diestro. Por eso a Rafael Nadal le obligaron a jugar con la izquierda desde que agarró por primera vez una raqueta, aunque él es naturalmente diestro. Pero con Zverev, diestro, se da un caso curioso. Aprendió a jugar de niño contra su hermano Mischa, 10 años mayor, también tenista profesional… y zurdo. Así que el alemán está más acostumbrado que nadie a leer ese juego. Desde el Abierto de Francia de 2023, tienen un récord de 45 victorias y una sola derrota ante jugadores zurdos.
Shelton comenzó sacando y perdió los dos primeros puntos del partido. Parecía nervioso. Después cometió una doble falta para dejarse romper ya en el primer juego.
Superados los nervios iniciales, mantuvo su servicio en blanco en el tercer y quinto juegos. Incluso puso presión sobre el saque del alemán, después de un brillante punto en la red. Pero Zverev respondió con dos aces y salió del apuro. El sembrado número 1 tenía el set en su mano solo con mantener su servicio, pero ni siquiera esperó a ello. En el noveno juego volvió a aprovechar un momento de debilidad al saque de Shelton que, como en el primer juego, cometió doble falta cuando necesitaba defender un punto de break.
En el segundo set, Shelton varió su saque. En ocasiones se posicionó más lejos del centro, logrando un saque más abierto y angulado. En otras, buscaba el ace por el centro. Así, aunque Zverev seguía sin ceder una sola opción de rotura, logró llevarlo hasta el tie break.
Dos passing shots paralelos dieron la primera ventaja al alemán en el desempate, en el que se puso rápidamente con un 5-0 que fue una montaña para Shelton pese a los ánimos del público gritando “Let’s go Ben!”.
En las gradas, multitud de celebridades: Brad Pitt y su novia Inés de Ramón, Jessica Alba, Courtney Cox, Pierce Brosnan, Lin-Manuel Miranda, Chris Pine, Adam Driver, Jeff Goldblum, Emily Blunt y su esposo John Krasinski… Y entre los más aplaudidos, las estrellas de los Knicks, vigentes campeones de la NBA: Jalen Brunson, Josh Hart, José Alvarado y Karl-Anthony Towns.
Maestro del anti-ritmo
Zverev es un maestro rompiendo el ritmo del partido. Todo lo hace con parsimonia. Bota la pelota hasta 20 veces o más antes de sacar, apurando siempre el reloj. Se demora después de los descansos, arañando 10 ó 15 segundos desde que el juez de silla canta “¡time!”. La táctica le funciona, más cuando tiene al público en contra, al que logra enfriar con sus pausas.
En el tercer set, con 2-3 abajo, Zverev cedió su primera bola de break de la final. Aunque resolvió la dificultad con tres certeros primeros saques, fue la primera rendija por la que el estadounidense vio la luz. Más tarde, con 6-5 en contra, surgió el mejor Shelton para lograr el break y llevarse el set entre el delirio del público.
La adrenalina generada tras llevarse el tercer set no le ayudó a comenzar el cuarto con buen pie. Zverev logró el break de inmediato, imponiéndose en largos intercambios desde el fondo de la pista.
Con el marcador a favor, el alemán jugó más tranquilo, apenas cometiendo errores, y volvió a romper en el séptimo juego. La diferencia era ya insalvable. Shelton bajó los brazos y Zverev se relajó tanto que, en el punto final del partido, no se dio cuenta de que había ganado el partido. Habían pasado exactamente tres horas y 33 minutos.
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