
Desde luego, atribuir toda la responsabilidad al Estado es socialmente evasivo. Pese a la frecuencia de estas muertes —once solo en mayo— y a la mayor asiduidad con la que los medios de comunicación se hacen eco de ellas y las llaman por su nombre, la sociedad y sus líderes son circunstancialmente reactivos.
Mayo fue un mes sangriento como ningún otro en lo que va del año. Once mujeres asesinadas, una cada tres días. Mujeres que perdieron la vida en condiciones tan terribles como Providencia Marte, quemada viva. O Yaidy Chamil Cedano, embarazada de 20 semanas. Todas ellas, junto a las otras nueve del trimestre, arrastrando una historia de violencia que, como afirmara el psicólogo Luis Vergés, las mata espiritual y emocionalmente antes de que les arrebaten la vida material.
Los escasos minutos que permanece en los medios electrónicos la información sobre el último feminicidio cometido terminan justificando el carácter episódico del interés en el tema. Ni siquiera casos tan mediatizados como el de Esmeralda Montero ocupan un tiempo mayor a pocas horas. Rasgadas las vestiduras, todo vuelve a ser inexistente como problema que contamina la calidad humana y cuestiona la formalidad jurídica de la igualdad de hombres y mujeres.
Cuando un caso particular se mediatiza, salen a flote otros problemas que tampoco queremos ver y que hacen todo más complejo. Entre ellos, el subyacente clasismo que convierte unas tragedias en más dignas de atención que otras. Marianny Michel Cuevas Román también fue asesinada cuando se dirigía a la fiscalía de Neiba a poner una querella. Su caso y el de Esmeralda Montero tienen el mismo peso simbólico, pero no provocaron la misma reacción.
Mientras Estado y sociedad no encaren de manera responsable la adopción de políticas que vayan a la raíz, que no es otra que la ideología patriarcal; y mientras los creadores de opinión pública no otorguen la misma relevancia a cada feminicidio como dato de la cultura machista que desvaloriza a las mujeres, la violencia de género continuará cobrando vidas.
ELLA SE LLAMABA ESMIRNA YANET LORENZO MIESESTenía 30 años. La mató a puñaladas su pareja. Quedan huérfanos dos hijos de 14 y 8 años, fruto de una relación anterior de ella. De acuerdo con familiares y vecinos, el feminicida tenía un historial de violencia de género contra otras dos parejas que lo llevó a la cárcel. A una intentó matarla a mandarriazos; a la otra, le incendió la casa en un intento de quemarla viva. Ocurrió el 4 de abril en el sector La Torre, del municipio de Villa Altagracia, San Cristóbal.
ELLA SE LLAMABA MARIANNY MICHEL CUEVAS ROMÁNTenía 20 años. Le disparó con un arma de fuego casera su pareja, de quien intentaba separarse, en momentos en que se dirigía a solicitar una orden de alejamiento por violencia de género. La noche anterior, la víctima llamó a su madre para decirle que el feminicida la estaba amenazando. Entre las diversas formas de violencia a las que la sometía el feminicida estaba el envío de fotos en las que él aparecía sosteniendo relaciones sexuales con hombres y mujeres. Ocurrió el 15 de abril en el sector Los Cocos, municipio de Neiba, Bahoruco.
ELLA TODAVÍA NO TIENE NOMBRETenía alrededor de 40 años. Su cuerpo desnudo fue hallado en unos matorrales con un balazo en el cuello. Su ropa íntima se encontraba dispersa en las inmediaciones del canal Juan Calvo. Hasta el momento, el cadáver no ha sido reclamado. El hallazgo ocurrió el 20 de abril en una finca ubicada en el Paseo de los Estudiantes, en la zona rural del municipio de Dajabón.
MAYO
ELLA SE LLAMABA DIANA ELENA EVANGELISTATenía 18 años. Trabajaba en un gimnasio. Era estudiante universitaria. La mató a puñaladas su novio, con quien comenzó la relación tres años antes. Según el padre, el feminicida estaba obsesionado con su hija: se tatuó su imagen en un brazo, se inscribió en la misma carrera que ella y decidió acompañarla a abrir el local donde trabajaba, lo que hacía cada día a las cinco de la mañana. El feminicidio tuvo lugar en la casa donde el feminicida vivía con su madre y dos hermanas, quienes alegan no haber escuchado los gritos de auxilio de la joven. Ocurrió el 3 de mayo en el sector El Farolito, en Santo Domingo Este.
ELLA SE LLAMABA YESSICA ÁLVAREZ JIMÉNEZTenía 26 años. La mató a balazos su pareja, de la que estaba en proceso de separación. Quedó en la orfandad un niño de siete años, hijo de ambos, con condiciones especiales. El feminicida también intentó matar a un hermano de su víctima, quien se había mudado con ella para ayudarla en el proceso de separación. Aunque los vecinos consultados afirmaron que «parecían novios», ella se quejó con sus familiares del infierno que estaba viviendo. Ocurrió el 6 de mayo en el sector Barrio Nuevo, en el kilómetro 13 de la carretera Sánchez, Santo Domingo Oeste.
ELLA SE LLAMABA NIKAURY ALICIA HEREDIA TAVERASTenía 27 años. Murió tras 40 días de agonía a consecuencia de un proyectil disparado por su pareja que le atravesó un pulmón, el hígado y el estómago, y quedó incrustado en la columna. De acuerdo con un vecino, se percató de que el feminicida llevaba obligada a su víctima hacia el apartamento que compartían, y con el arma visible. Intervino, produciéndose un forcejeo y ella resultó herida. En audios enviados a personas cercanas desde su lecho de agonía, ella confiesa las amenazas y golpes que él le propinaba. Sus últimos días antes de la agresión, como tituló un medio, fueron de miedo. La agresión ocurrió el 21 de marzo en el sector Los Frailes, de Santo Domingo Este, y el deceso el 6 de mayo.
ELLA SE LLAMABA PROVIDENCIA MARTENo se publicó su edad. Tampoco si era madre. Murió quemada por su pareja, quien la roció con gasolina cuando intentaba huir de su agresión. Intentó correr fuera de la casa, pero dificultades en una pierna se lo impidieron. Según versiones, el feminicida y su víctima habían discutido a raíz de que ella le propusiera buscar ayuda profesional para superar sus adicciones. La víctima fue definida como una mujer tranquila y de profunda fe cristiana evangélica. Ocurrió el 7 de mayo en la comunidad de La Higuera, El Seibo.
ELLA SE LLAMABA ALFANIA MANUELA HERNÁNDEZTenía 29 años. Dejó una hija de seis años. La mató a balazos su pareja en el interior de la casa común. El feminicida se suicidó. Ambos eran conocidos en la comunidad. Mientras los periodistas buscaron la opinión de vecinos sobre el feminicida, descrito como un dedicado agricultor y hombre tranquilo, sobre la víctima no hubo preguntas que permitieran conocer datos básicos de su biografía. Ocurrió el 11 de mayo en la comunidad de Ojo de Agua, del municipio de Salcedo, provincia Hermanas Mirabal.
ELLA SE LLAMABA ESMERALDA MORONTA DE LOS SANTOSTenía 36 años. Tenía dos hijos de 10 y 3 años. Era pastelera. La mató a balazos su expareja, cuando salía de la Unidad Integral de Atención a la Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales a la que asistió para interponer una denuncia contra él. Al percatarse de que él la esperaba a la salida, corrió hasta un colmado cercano para protegerse. Fue en vano. El feminicida la persiguió y le segó la vida de varios disparos. Posteriormente se suicidó. El caso tuvo una gran repercusión por las circunstancias en que se produjo, a lo que la Procuraduría respondió filtrando una copia del acta donde la víctima renunciaba a ingresar en una casa de acogida. Ocurrió el 13 de mayo en el ensanche Alma Rosa, de Santo Domingo Este.
ELLA SE LLAMABA INDIRA CAROLINA BELTRÉTenía 33 años. Dejó dos hijas. La degolló su expareja, con quien convivió once años. Pese a la ruptura de varios meses antes, mantenían una relación aparentemente cordial. La realidad era otra. En un cuaderno encontrado en el casillero de su trabajo en el que guardaba sus pertenencias, Carolina escribió: «Hay personas ignorantes que creen que las cosas son para siempre. Existe el maltrato psicológico y es más humillante que el físico. Prefiero que me des una bofetada, a que me hieras con palabras obscenas e insultos». Vecinos aseguran que la noche de su muerte, sabiéndose amenazada, llamó a la Policía sin obtener respuesta. Ocurrió el 17 de mayo en el sector Las Toronjas, Santo Domingo Este.
ELLA SE LLAMABA ABRIL MIESES PUELLOTenía 15 años. La estranguló el hombre al que se había unido cuatro meses antes. La unión con menores de edad está considerada violación sexual por la ley, pese a lo cual el entorno de la víctima, incluidos sus progenitores, no actuaron en justicia. Aunque ella les comunicó a ambos que se había «casado», ninguno se preocupó por conocer al feminicida. Horas antes de ser asesinada, llamó a su madre para comunicarle que la visitaría. Ocurrió el 22 de mayo en una finca de Los Arroyones, en el distrito municipal de San José del Puerto, en Villa Altagracia, San Cristóbal.
ELLA SE LLAMABA ÁNGELA DIEVA MICHELTenía 20 años. La mató a puñaladas su pareja. Su cadáver fue encontrado ocho horas después. Las cámaras de seguridad del sector capturaron la imagen de ambos entrando en la casa donde residían y, después, cuando el feminicida salía del lugar. Pese a su alegato de inocencia, las autoridades constataron que fue la última persona en ver con vida a la víctima. Ocurrió el 29 de mayo en el municipio Villa Hermosa, La Romana.
0 Comentarios