

Miembros del Club Rotario de San Francisco de Macorís participaron en la misa en memoria de don Héctor José Rizek Llabaly, donde el doctor Miguel Vladimir De La Cruz, habló en representación de la institución.
El Dr. De La Cruz resaltó el legado de servicio y compromiso social del empresario, al describirlo como un hombre que hizo del altruismo una práctica constante y del servicio una forma de vida.
“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Don Héctor fue esa semilla que decidió entregarse por completo”, expresó.
Desde su experiencia compartida en el ámbito rotario, indicó que Rizek encarnó los valores de servicio y ética que definen esa organización, aplicando en su vida cotidiana principios como la verdad, la equidad, la buena voluntad y el beneficio colectivo.
Señaló que su accionar no respondía a intereses personales, sino a una visión centrada en el bienestar de los demás.
“No se preguntaba si algo era beneficioso para él, sino si era correcto y si ayudaba a otros”, sostuvo.

El galeno destacó que el altruismo de Rizek no se limitaba a espacios formales, sino que formaba parte de su conducta diaria.
“Su altruismo no era un acto ocasional; era su forma de vivir”, afirmó.
Durante el discurso, también se resaltó la capacidad del empresario de impactar positivamente en quienes le rodeaban.
“Hay hombres que llenan una habitación con su presencia, pero hay hombres como Héctor que llenan el vacío de los demás con su existencia”, expresó.
De La Cruz indicó que, más allá de su partida, el testimonio de Rizek permanece en sus obras y en las personas que formó, dejando una enseñanza sobre el valor del servicio desinteresado.
“El dolor ajeno nunca fue ajeno para él; era una llamada a la acción”, afirmó.
No buscó el aplauso; buscó el cambio”, expresó.
El discurso concluyó con un llamado a preservar su legado desde el compromiso colectivo, destacando que su huella permanece vigente en cada iniciativa orientada al bien común.

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