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La capa externa de queratinocitos epidérmicos no solo le dio al dedo robótico una textura similar a la de la piel (menos melanina y el efecto que tiene la sangre en su apariencia), sino que también exhibió suficiente fuerza y elasticidad para adaptarse firmemente a la forma cambiante del dedo robótico sin desgarrarlo y dado que la epidermis del dedo se creó en un proceso que no resultó en costuras, como la piel humana real, es completamente impermeable: una gran ventaja para los robots cuyos componentes electrónicos y mecánicos ocultos en el interior no son aptos para el agua.

La otra ventaja de usar piel humana real es que puede sanar y, a menudo, no deja señales del daño posterior. Los investigadores dañaron deliberadamente la piel del dedo, algo que sucederá con regularidad cuando los robots humanoides aprendan a navegar con seguridad por el mundo, y pudieron curar la herida cubriéndola con un “vendaje” de colágeno que permitió que la piel continuara doblándose y flexionándose de forma natural después sin más daños.
Sin embargo, esta investigación es solo el primer paso hacia la creación de bots humanoides creíbles. La capa de piel humana que cubre el dedo es mucho menos duradera que la piel humana natural, y el robot no puede proporcionarle un suministro constante de nutrientes que le permitan crecer y regenerarse. Como resultado, no dura mucho, pero los investigadores esperan mejorar su longevidad con iteraciones futuras que incorporen estructuras y funcionalidades más complejas, incluidas las neuronas que podrían permitirle sentir e incluso las glándulas sudoríparas, así que algún día, los robots podrían incluso apestar como nosotros.
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