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Sexo, mentiras y el primer homicidio en Internet: el caso de la señora Lopatka

Siempre hay una primera vez para todo, y en Internet también. La primera foto subida, la primera cuenta de correo, el primer robo de identidad, la primera extorsión a un usuario, el primer intento de secuestro, el primero intento de suicidio… y finalmente el primer homicidio. Ocurrió hace más de 20 años.
El relato del primer homicidio consensuado a través del uso de Internet ocurrió hace tanto tiempo que muy pocos lo recuerdan. Una historia ligada a un momento de profundo cambio en la red. Hasta principios de los 90 la hoja de ruta de discusión la marcaba Usenet, la red global que hacía de foro en Internet.
El denominado en su momento como ARPANET para pobres se originó a comienzos de los 80 como medio de distribución de texto codificado en caracteres ASCII de 7 bits, un comienzo que dio paso a todo un conjunto de servidores de noticias con sus grupos internos (algunos moderados) donde confluían foros a los que agregarse por preferencia.
Al igual que hoy leemos y nos informamos en el medio de comunicación, blog o red social que más nos guste, en Usenet era igual. Y al igual que hoy existen páginas y webs donde el ser humano saca lo peor de sí mismo, en Usenet también ocurrió. Lo que pasa es que al principio no fue así. Como todos los comienzos primaba la colaboración y unas reglas no escritas para el buen funcionamiento.
Hasta el 1 de octubre de 1993. Los más antiguos del lugar lo llamaronSeptiembre Eterno, una expresión de la jerga de Usenet para hablar del momento en la historia donde Internet se hizo Internet, el momento donde despertó la bestia y comenzaron a llegar más y más usuarios a través de la apertura de AOL, lo que llevó irremediablemente (y según estos pioneros que comandaban el cotarro hasta entonces) a la degradación paulatina del nivel de discusión y comportamiento de la red.
Pocos años después llegaba la historia de la señora Lopatka. Con su muerte se abrió un debate intenso que aún perdura. La primera muerte dio paso a la primera crítica sobre el uso de la red y sus usuarios, a la culpa y posible responsabilidad sobre aquello que acontece sin que el resto actuemos.
Todo comenzó un 13 de octubre de 1996.

Sharon: la primera muerte de un usuario

Sharon Lopatka nació en 1961 y era la más grande de cuatro hermanas. Hija de judíos ortodoxos, una familia de vivió en un suburbio de Baltimore (Maryland), sus padres la vieron crecer como una niña risueña, una joven a la que le encantaban los deportes, miembro del coro de la escuela y extremadamente sociable.
En el año 1991 Sharon se casa con su amor de la adolescencia, Victor, un joven católico y trabajador de la construcción. La pareja se muda a vivir a una pequeña casa en Hampstead, lugar donde se establecen y vivirían una vida apacible durante varios años. Sharon era recordada por sus vecinos como una mujer implicada y trabajadora con los problemas del vecindario. Se sabía que la mujer tenía otra pasión, Internet, o para ser más exactos, el uso intensivo de Usenet junto a pequeños negocios en la red con los que intentaba sacarse un dinero.
Todo cambió el 13 de octubre de 1996 cuando Lopatka realiza un viaje al sur. No era un viaje cualquiera. En su mente había una palabra que se repetía constantemente: la muerte. Antes de partir habla con Víctor, quien estaba de viaje, para comunicarle que estaba de camino para visitar a unos amigos en Georgia. Sharon se monta en su Honda Civic azul y conduce durante 45 minutos hasta la estación Penn de Baltimore, lugar donde toma un tren a Charlotte, Carolina del Norte.
Doce horas más tarde Sharon fue recibida por un hombre que respondía al nombre de Robert Glass. La pareja condujo 19 kilómetros desde la estación al norte en la camioneta de Glass hasta una casa prefabricada en Lenoir.




De vuelta a Maryland, Víctor Lopatka entra en su casa y se encuentra con una nota de su esposa. En la misma decía lo siguiente:
Si mi cuerpo nunca llega a ser recuperado, no te preocupes. Debes saber que estoy en paz.


El marido llama rápidamente a la policía, quienes comenzaron las labores de búsqueda. Registran el ordenador de la mujer y recuperan cientos de páginas de correos electrónicos y registros de chats y foros en los que, en el transcurso de las últimas seis semanas, Lopatka y Glass habían organizado una cita. Entre los mensajes que se habían enviado había uno perturbador: Lopatka le había pedido a Glass que la torturara hasta la muerte.
La policía centró la investigación a más de 500 kilómetros de distancia de la casa de Lopatka. Siguieron los pasos de Glass, quién aparentemente era un tipo normal, un hombre modesto de 45 años que llevaba una vida ordinaria sin sobresalto trabajando como programador para el gobierno del condado.
El 25 de octubre la policía registra la camioneta y la casa del hombre mientras estaba trabajando y encuentran artículos pertenecientes a Lopatka junto a un set de sadomasoquismo, drogas, revistas de contenido pornográfico, una pistola Magnum 357 y un ordenador donde averiguaron sus otras identidades digitales. A unos 20 metros de la casa, a través de un patio desaliñado y los restos de la vida anterior de Glass como padre de familia (bicis, columpios, juguetes… ) había algo parecido a un cementerio.
Un oficial comenzó a cavar. Apenas a un metro de profundidad el policía dio con algo, comenzó a golpear lo que parecía una rótula. El hombre continúa cavando más profundo y desentierra brazos, manos y piernas. Las muñecas y los tobillos del cuerpo estaban atados y su cuello estaba rodeado de una especie de cuerda. Alrededor de sus pechos tenía cortes. La policía forense llegó poco después para certificar aquel cuerpo de una mujer.
Era Lopatka.


Sharon en la red

Lopatka estaba enamorada de Internet. Su marido lo sabía, pero jamás se preguntó en qué pasaba tantas horas pegada al ordenador. La mujer pensaba que Internet le iba a cambiar la vida, incluso hacerla rica. Un año antes de su muerte había creado una página, House of Dion, en la que vendía una guía para decorar las casas por 7 dólares. En aquella web se podía leer:
Además de un considerable aumento en el estudio de los psicólogos por entender este tipo de deseos sexuales tan atípicos como el sadismo, el masoquismo o la asfixia, si por algo será recordado este turbio primer caso de homicidio consensuado a través de Internet es por las críticas vertidas al nuevo espacio.
Se trataba de la primera vez que se ponía en tela de juicio un lugar hasta entonces “tranquilo”. Los medios comenzaron a criminalizar a la red y sus usuarios como un espectáculo de monstruos, a poner en tela de juicio las responsabilidades de todos aquellos que no hicieron nada mientras veían cómo Sharon buscaba la muerte.
El debate se inflamaba en torno a las dimensiones morales de lo que había sucedido entre esta extraña pareja y el contexto (Internet) donde se originó la relación. La mayoría de las noticias se centraron en los peligros de las reuniones mediadas por el espacio digital. La muerte de la chica generó debates y grupos de discusión en todo el mundo y comenzaron a aparecer quienes pedían la censura de la red para prevenir posibles muertes y proteger a los más pequeños.
Por el contrario, los grupos de activistas anti censura argumentaron desde la lógica que Internet era una herramienta tremendamente útil que nos permite a todos expresarnos libremente y expresar nuestras ideas, pensamientos y puntos de vista en un foro abierto. Y sí, desde el anonimato.
Tras la muerte de Sharon se han dado numerosos casos de suicidios y homicidios parciales donde Internet ha funcionado como herramienta o hilo conductor para perpetrarlo. Y se volvía a poner en el punto de mira a la red y sus usuarios. Quizás habría que pensar que todos estos casos ocurrirían de igual manera con o sin Internet. Las salas de chat y foros son, posiblemente, el mismo escenario que la barra de bar de hace 40 años.

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