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Los dominicanos no quieren preocupaciones



PANORAMA BENEFICIA A GOBIERNO QUE VE DE REOJO OPOSICIÓN EN AÑO PREELECTORAL

 
Santo Domingo
Los dominicanos no quieren preocupaciones y quizás a ello se deba que hayan hablado mucho de felicidad en tiempos recientes y que Latinobarómetro dijera en víspera de Navidad que la República Dominicana es el pueblo más feliz de la región.
Eso es mucho para las tantas quejas por la seguridad, las injusticias sociales, los problemas de la energía eléctrica y los bajos salarios que perciben los trabajadores, ayudados solo por las propinas de los clientes en las áreas de turismo y el comercio.
Según Latinobarómetro, el 88% de los dominicanos se sienten satisfechos con su vida, el más alto de la región, y con un 10% superior al promedio, algo que si beneficia a un sector es al que gobierna, que mira a los opositores de reojo en un año 2016 electoral.
Quiénes si no los sociólogos y los que estudian la conducta de los humanos podrían darle una explicación a tales afirmaciones sobre el sentimiento de felicidad que tienen muchos dominicanos, pese a las penurias presentes.
Durante la semana pasada el periódico El Día preguntó a los lectores: “¿está usted satisfecho con su vida?. El 80% de los que respondieron dijo que muy satisfecho, el 13% para nada satisfecho y el 7%, no muy satisfecho. En el mismo período el diario Hoy preguntó: “¿cómo califica usted este año 2015 en relación a las metas como país? Los resultados fueron: 60% excelente, 11% malo, 9% pésimo y 9%, regular.
Ni pensar que los respetables diarios y Latinobarómetro se pusieran de acuerdo para ofrecer una panorámica que al decir de los críticos, de los cínicos y de los que esperan mejorar la situación, distaría de la realidad que ven en su derredor y más allá. Los políticos que gobiernan sacarán punta a los datos para asegurar que les irá bien en las próximas elecciones si la situación no cambia y el público comienza a discernir de manera diferente pasado el clima de buenos augurios que trae la época de Navidad.
Felicidad: un plato de comida
A un médico se le preguntó durante la cena de Navidad a qué se debía el comportamiento del público que respondió a los diarios, y lo que encontró Latinobarómetro en su estudio de opinión pública. Su respuesta fue: felicidad es un plato de comida.
Si fuera así, estaban felices los que se llevaron a su casa una caja de alimentos repartidos por el gobierno y los partidos políticos, no obstante que hicieron largas filas, aguantaron empujones y fueron sometidos a una situación que se critica cada año.
Con los gastos en que incurrieron los sectores mencionados, dicen los sabios, se hubiese resuelto mucho del problema de la alimentación o de los hospitales, pero la creencia de que la felicidad es un plato de comida, vence todo racionamiento.
Aparte estaría lo que piensan los políticos que no vale forma de discutir.
Siempre repartirán cajas de comida, cada vez más escuálidas. No cuando comenzó esa mala práctica en los días del doctor Balaguer, época de “vacas gordas”. Si la felicidad, como se cree, es relativa, quedaron felices los que adquirieron 5 mil carros financiados por los principales bancos y las asociaciones de vehículos nuevos y de segunda mano, algunos de los cuales estrenaban por mi primera vez un volante.
Fueron felices en la temporada navideña quienes compraron un apartamento nuevo o viejo, financiado o al contado, pero que dejaron atrás uno más pequeño o el alquiler. Y los que están en las listas del proyecto Ciudad Juan Bosch, más tarde en el año 2016.
Fue muy feliz la diseñadora Isabel Best quien anunció a su familia en medio de la cena de Navidad que junto a su esposo Eric tendrán en unos meses su primogénito, un varón que ya tiene su nombre y que retoza en el vientre según mostró la sonografía.
También pasó las navidades muy feliz el entrenador de gym, Carlos Hernández, quien junto a su esposa recibió la llegada de su primer bebé. La casa estaba llena de pampers, trajes, zapatos bordados a mano, baberos, gorros y toallitas para el hombro azules.
La periodista Milagros Germán Rodríguez de seguro estaba feliz, por el estreno mundial de un villancico suyo en el 25 Concierto de la Natividad en la Catedral Primada, cantado por doña Luchi Vicioso, nuevo en el repertorio del coro. ¿Cómo no estarlo?
Compras hacen felices
En Estados Unidos las compras de fin de año hacen felices a los norteamericanos. Jóvenes y viejos van a las tiendas a comprar para regalar a los parientes y amigos, amigos cercanos y lejanos y la publicidad multiplica el ánimo de dar a los otros.
Un país poseído por el consumismo, cuando la gente está triste se va de compras (go shooping), cuando está alegre, go shopping, cuando cumple años, go shopping, aburrido, go shopping, cansado, go shopping. Todo se resuelve en torno a las compras que dan felicidad.
Sin embargo un estudio de la prestigiosa Universidad de Harvard, que citó 13 puntos sobre la felicidad, dijo que 75% de las personas eran más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases. Solamente el 35% se sentían felices cuando compraban cosas.
En los colmadones los jóvenes dominicanos están felices aunque hubiesen tomado dinero prestado porque sus salarios y en algunos casos, las bonificaciones que recibieron no alcanzaron. Los empacadores de los supermercados y los deliverys de colmados felices con “su navidad”. Son felices como los brasileños que celebran el carnaval en vísperas de la cuaresma según describen en su letra y música de A Felicidade, Vinícios de Moraes y Antonio Carlos Jobim, una canción quintaesencial del Brasil contemporáneo y bossa nova.
Liberados de las preocupaciones, los dominicanos quizás desean ver el presente y el futuro como merecen. Las preocupaciones por cuidar la salud, los ojos de los soldadores, evitar las infecciones para los trabajadores de salud pública, son tenidos como elementos de perturbación.

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