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Dia de los derechos del niño (a)


Los derechos de niños y niñas, consignados en la Convención sobre los Derechos del Niño, son


inalienables y no se pueden condicionar al cumplimiento de sus obligaciones.
Santo Domingo
Los derechos de niños y niñas, grupo poblacional que hoy celebra su día en el país, se enseñan de forma inadecuada en escuelas y colegios. “La tendencia es de vincular a cada derecho un deber y ese es uno de los errores más grandes que podemos hacer”, afirma la italiana Silvia Mazarrelli, líder de Programas de Plan República Dominicana, ONG que trabaja en favor de la infancia.
Esta práctica genera confusión en los infantes que no saben diferenciar entre sus prerrogativas y sus obligaciones.
Mazarrelli recuerda una consulta que Coalición ONG por la Infancia realizó entre 5,000 niños y niñas y cuyos resultados considera “alarmantes”. Aunque los menores respondían afirmativamente cuando se les preguntaba si conocían sus derechos, al pedírseles que citaran alguno respondían con frases como: “El derecho a ir a la escuela” o “El derecho a hacer mi tarea”.
Vincular sus derechos con sus deberes conlleva el riesgo de que los infantes piensen que pueden perder los primeros. “Uno de los principios de los derechos humanos es que son inalienables”, señala Mazarrelli.
Los derechos de niños y niñas, consignados en la Convención sobre los Derechos del Niño, no se condicionan ni se pierden.
La infancia es presente
Educar hoy a niños y niñas para que conozcan sus derechos asegura una sociedad más justa y equitativa en el futuro.
Para Silvia Mazarrelli, líder de Programas de la ONG Plan República Dominicana (http://planrd.org), esa es una deducción lógica. No obstante, a la italiana no le gusta concentrarse en el futuro cuando habla de los derechos de la infancia.
“No me gusta cuando se dice que los niños son el futuro -expresa-. Los niños son niños y lo son ahora”.
Los derechos de este segmento de la población, consignados en la Convención sobre los Derechos del Niño que acaba de cumplir 25 años de aprobada, hay que protegerlos y promoverlos en el presente.
Eso implica educar a niños y niñas para que los conozcan y comprendan, un área en la cual el país enfrenta un gran desafío aún.
El problema, dice Mazarrelli, es que los adultos temen que los infantes aprendan que sus derechos no se pueden condicionar, sino que forman parte inherente de su condición de seres humanos.
“Un niño tiene derecho a la educación y punto. Tiene derecho a jugar y no es si ha terminado todas sus tareas o si ha ayudado en la casa”, señala la experta.
Ante afirmaciones como estas padres y educadores se alarman porque piensan que los niños y las niñas se dedicarán a reclamar sus derechos sin cumplir con sus responsabilidades, pero para Mazarrelli se trata de un temor infundado.
Si a los menores se les educa adecuadamente en el tema de derechos humanos, serán capaces de comprender que tienen la responsabilidad de respetar y proteger las prerrogativas de los demás.
“No es solamente enseñar un listado de derechos que es desafortunadamente lo que se hace en las escuelas; hay que entenderlos, vivirlos, experimentarlos en la práctica”, afirma la experta de Plan República Dominicana.
Eso requiere un esfuerzo extra de los educadores y de los padres, quienes deben llevar a niños y niñas a hacer una reflexión en torno al significado de sus derechos y no solamente a aprenderlos de memoria.
“Eso es algo que cuesta a veces, pero los niños son muy inteligentes y pueden hacer reflexiones muy profundas”, manifiesta Mazarrelli. “Si educamos en derechos humanos entonces implícitamente llevamos al niño a tomar acción y defenderlos”.
En el caso de niños muy pequeños, los conceptos abstractos se pueden transmitir por medio de juegos, visitas a lugares de interés o contándoles la historia de personajes que hayan luchado por el respeto a un derecho específico.
Autoritarismo
El artículo 12 de la Convención establece que el niño tiene derecho a expresar su opinión y a que ésta se tenga en cuenta en los asuntos que le afectan.
El autoritarismo y el estilo vertical de enseñanza violan ese principio y atentan contra los esfuerzos por instruir a la infancia acerca de cuáles son sus derechos.
“La participación no es real porque sus opiniones no son realmente tomadas en cuenta”, asegura Mazarrelli.
Esto se evidencia incluso en el orden dentro del aula. Los estudiantes se sientan en hilera unos detrás de otros mientras que el maestro o la maestra permanece al frente. Mazarrelli considera que otro tipo de organización -en semicírculo, por ejemplo- ayudaría a romper en parte con esta jerarquía que da por sentado que la persona adulta se encuentra en un lugar más alto que el niño o la niña.
Sujetos, no objetos
El miedo de los adultos se basa en la concepción tradicional que estos tienen sobre los niños y las niñas.
“Siempre han sido vistos como objetos o algo que los adultos poseen”, asevera Mazarrelli.
Sólo tras muchos años de lucha se logró la aprobación, el 20 de noviembre de 1989, de la Convención sobre los Derechos del Niño, tratado internacional que, explica Unicef en su portal de Internet (http://www.unicef.es), “recoge los derechos de la infancia y es el primer instrumento jurídicamente vinculante que reconoce a los niños y niñas como agentes sociales y como titulares activos de sus propios derechos”.
Se trata del tratado más ratificado a escala mundial -únicamente Estados Unidos y Somalia no lo han ratificado- y, sin embargo, en opinión de Mazarrelli “no podemos decir que efectivamente los derechos de los niños sean garantizados ni respetados en la práctica en todo el mundo”.

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