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La Torre Eiffel celebra 125 años



Fue la torre más alta del mundo durante más de treinta años, hasta la construcción en 1930 el edificio de Chrysler en Nueva York


Veintiún salvas de cañón retumban en el cielo París cuando Gustav Eiffel iza la bandera tricolor en la torre de metal que todavía no lleva su nombre. Era domingo ese 31 de marzo de 1889 y a las 13:30 un grupo de invitados ilustres, entre los que se encuentra el presidente de la República, Sadi Carnot, acaba de subir los 1.710 escalones que llevan al tercer piso para inaugurar la torre, que es ese momento es la más alta del mundo.
Las luces de la Ciudad de la Luz
Más de 20.000 bombillas iluminan la Torre Eiffel el 21 de junio 2003 en París. Las nuevas bombillas iluminarán la torre durante 10 minutos al comienzo de cada hora, desde el atardecer hasta la madrugada.

Es el símbolo de la grandeur de la ciencia y la ingeniería francesa y por tanto bienvenido. Francia está en un bache económico y espiritual tras la derrota de la guerra de 1870 contra Alemania. El Gobierno trata de unir el país bajo el paraguas del patriotismo.
Las medidas de la dama de hierro son revolucionarias para la época. Tiene una altura de 312 metros (hoy llega a 324 si se incluyen las antenas) y pesa más de 10.100 toneladas.
Pero para llegar hasta allí Eiffel ha pasado un verdadero calvario. El autor de Bel-Ami, Guy de Maupassant, habla de "una pirámide de escalones de hierro, un esqueleto desgraciado". Junto a su amigo Alexandre Dumas y otros muchos intelectuales y artistas de la época firman un manifiesto contra la torre "monstruosa" que provocará un "ridículo vertiginoso".
Para la ciencia
Construida para la Exposición Universal de 1889 que se abriría semanas después, el 6 de mayo, estaba condenada a su desmantelamiento, como el resto de los edificios. Pero el ingeniero Eiffel se bate por ella y consigue poner una estación meteorológica en el tercer piso. La torre ya tiene su justificación de ser para la ciencia.
Eiffel había pensado desde el principio en que fuera una estación de telegrafía. Los militares comprobaron su importancia estratégica durante las dos guerras mundiales. Cuando se inventó la televisión, se colocó allí la primera antena.
Durante la ocupación de Francia por los Nazis, Hitler tuvo también la idea de desmontarla y utilizar su hierro para la industria de armamento. Cuando en el verano de 1944, los nazis ponen pies en polvorosa ante la entrada del ejército americano, Hitler exige a sus generales que vuelen todas las insignias arquitectónicas de la ciudad y los puentes del Sena. También la torre Eiffel. Pero el general alemán Dietrich von Choltitz desobedece las órdenes de Berlín. Una película de Schlöndorff sobre estas jornadas dramáticas de París (Diplomacia) está en estos momentos en cartelera en Francia.
Fue la torre más alta del mundo durante más de treinta años, hasta la construcción en 1930 el edificio de Chrysler en Nueva York. Desde 1964 está inscrita en el patrimonio mundial de la Unesco. Si durante la Exposición Universal fue contemplada por dos millones de curiosos, un siglo y cuarto después ha superado los 250 millones de visitantes.
Aunque pertenece a la ciudad de París, su gestión es privada y requiere un constante mantenimiento. Necesita una mano de pintura cada siete años, para lo que se requieren 60 toneladas de laca. No fue siempre marrón. Al principio era roja, en los sesenta ocre amarilla. Desde el 2000 la gran señora se adorna con 20.000 bombillas, que se iluminan y tiemblan cada hora en punto durante 10 minutos. Para las grandes ocasiones se viste en color. Lució, por ejemplo, en rojo cuando se celebró el nuevo año chino.
Con sus 1.665 escalones hasta la punta, la dama es a menudo objeto de competiciones deportivas no siempre afortunadas. En 1912 el primer paracaidista que intentó tirarse se estrelló delante de los fotógrafos. Pero en los sesenta un neozelandés tuvo más suerte. Todo esto está ahora prohibido y montones de gendarmes cuidan, sobre todo, de que en el menor despiste no se cuelen escaladores.
Este lunes no habrá grandes celebraciones pues el "monstruoso esqueleto" está en plena cura de rejuvenecimiento. Las tres construcciones a sus pies donde estaban las taquillas van a ser remplazadas por unas salas de acogida que merezcan este nombre para que los miles de visitantes cada día no tengan que esperar a los ascensores bajo la lluvia. El primer piso a 57 metros también está en renovación para instalar un nuevo restaurante.

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