La llama,
de unos 20 centímetros de altura, consume un kilogramo de gases diarios.
En su mayor parte es metano, pero también exhibe altas concentraciones
de etano y propano. Las llamas eternas son pequeños géiseres de gases
inflamables que llegan a la superficie a través de grietas que se
producen por fracturas naturales en las placas tectónicas. La ignición
del gas es casual y puede deberse a la electricidad atmosférica de una
tormenta, a propiedades piezoeléctricas de algunas rocas o a la propia
acción del hombre.
En el mundo
existen muchas otras llamas eternas naturales, pero esta, localizada en
el condado de Erie, en Nueva York, tiene una particular belleza
fantasmal.

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