El disco tiene talladas las instrucciones de cómo se debe operar para reproducirlo.
Hace 35 años, la Agencia
Aeroespacial de Estados Unidos (NASA), lanzó las sondas Voyager
(Viajero) 1 y 2 con la misión de explorar el Sistema Solar. Además de
las cámaras y equipos de transmisión de señales que han estado revelando
a los científicos los secretos de los planetas vecinos, a bordo de las
sondas va una especie de cápsula de tiempo, un mensaje de la Tierra al
más allá.
Se trata de un disco fonográfico recubierto en
oro que contiene grabaciones de música, sonidos, voces humanas e
imágenes seleccionadas como un archivo de la diversidad de la vida y la
cultura en la Tierra.Los Voyager ya atravesaron el Sistema Solar, pero su tenue señal todavía sigue enviando información sobre el universo desconocido. Están a punto de penetrar el espacio profundo y no estrarán cerca de otro sistema planetario hasta dentro de otros 40.000 años y, para entonces, su rastro se habrá perdido.
Pero continuarán su eterno viaje con el disco dorado a bordo y la esperanza de que, tal vez dentro de millones de años, alguna inteligencia extraterrestre intercepte una de las naves y siga las instrucciones talladas en el propio disco para reproducir su contenido.
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