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18 abr. 2020

El cerebro, “un GPS recalculando” en cuarentena: la tecnología puede ayudar a estudiar el sueño y la memoria en este período"












Dormir mal o poco puede derivar en trastornos neurológicos y cardiovasculares (iStock)
En tiempos de cuarentena por coronavirus, son frecuentes el insomnio y una mala calidad del sueño. Antes de la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya había considerado como epidemia estos problemas. Dormir mal o poco puede derivar en trastornos neurológicos y cardiovasculares.
Frente a la incertidumbre global ante el avance del COVID-19, las personas deberíamos ser conscientes de la importancia de cuidar nuestro sistema inmunológico en este contexto. “El sueño es un proceso fisiológico, necesario y vital del ser humano, dormir bien es uno de los aprendizajes más importantes”, señala a Infobae Claudio Waisburg, neurocientífico, director del Instituto Neuropediátrico SOMA.
El neurólogo explica que, durante el sueño, contrariamente a lo que se cree, no es todo pasivo, sino que hay muchos procesos activos porque, inclusive metabólicamente, existen muchos momentos de actividad. La consolidación de la memoria se genera durante el sueño y el insomnio, como trastorno del sueño, puede hacer que una persona “no funcione bien” al día siguiente, sin consolidar adecuadamente los registros del día, es decir, sin memorizar adecuadamente.
El proceso actual de incertidumbre, de cuánto tiempo más vamos a estar en cuarentena, estar constantemente con la información de cuántos casos en el mundo y de cuántas muertes en el país hay, si se junta con poca actividad física y con cambios de horarios inadecuados de jóvenes, adolescentes o chicos, es muy perjudicial para el sueño, para la rutina”, agrega Waisburg.
Así, el especialista recomienda no estar en “modo verano", en el que adolescentes se quedan despiertos toda la noche y se levantan tarde durante el día. “Eso no tiene que pasar. Y los adultos deben tener una rutina en el día para que la noche sea un proceso adecuado”, expresa.
Señala además que el mundo entero se está adaptando hoy a nuevos paradigmas. “Nuestros cerebros están tratando de amoldarse a estas realidades que nos ponen a prueba y es como un GPS que tiene que recalcular una ruta nueva, tenemos que ayudar al cerebro a que la encuentre, como la actual, se la habitúe y genere el hábito para poder automatizar ciertas rutinas beneficiosas para las personas”, finaliza.
En este sentido, es importante sumar actividad física a la rutina. Sin embargo, según un reporte de Fitbit, que analizó comportamientos de 30 millones de usuarios de relojes inteligentes, España y la Argentina se encuentran entre los dos países que registran la mayor caída de la actividad física, analizando la semana del 22 de marzo de este año respecto de la misma semana en 2019.
Laboratorio de Sueño y Memoria















Cecilia Forcato, directora del Laboratorio de Sueño y Memoria de ITBA (Foto: CONICET)
Cecilia Forcato, directora del Laboratorio de Sueño y Memoria de ITBA (Foto: CONICET)
Semanas atrás, el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires) inauguró su Laboratorio de Sueño y Memoria, de la mano del Departamento de Bioingeniería. El objetivo es analizar cómo las memorias verídicas y falsas se forman al tiempo que pueden ser modificadas durante el sueño y la vigilia, así como también comprender estados fisiológicos y alterados de consciencia durante el sueño.
“En nuestros estudios combinamos análisis de electroencefalografía, aprendizaje, consolidación, reconsolidación, análisis de potenciales evocados durante el sueño por claves ligadas al aprendizaje, análisis de los períodos de lucidez durante el sueño lúcido y durante las experiencias fuera del cuerpo iniciadas desde la parálisis. En estos casos los soñantes se entrenan con técnicas comportamentales para aumentar la probabilidad de tener un episodio de lucidez en el laboratorio cuando están siendo registrados”, explica a Infobae la Dra. Cecilia Forcato, directora del laboratorio.
Al dormir, principalmente durante el sueño profundo, las nuevas memorias se reactivan espontáneamente y se transfieren desde el hipocampo hacia la neocorteza, redistribuyéndose en circuitos cortico-corticales, lo que favorece el guardado a largo plazo y la integración de nueva información con memorias preexistentes. Y, ¿cómo serán nuestras memorias de cuarentena?
En principio, tal como señala Forcato, la cuarentena modificó nuestro ritmo diario. “Levantarnos y acostarnos a cierta hora, tomar el colectivo, ir a la escuela, al trabajo, al gimnasio, volver a casa. La rutina, aunque a veces parece agotadora, le da orden a nuestra vida”, señala.
Por otro lado, para muchas personas que viven solas, la vida social se redujo a una videollamada y se modificó en algunos casos la cantidad de horas que están expuestas a la luz solar (aquellos que viven en edificios, sin balcones, por ejemplo).
“En sí, lo que nos modificó no fue directamente el hecho de estar encerrados. Nos hicimos conscientes a la fuerza de que todos somos vulnerables a este virus. Y la incertidumbre de qué pasará mañana y nuestros pensamientos negativos hacen que por la noche nos quedemos rumiando e imaginando posibles escenarios, en lugar de entregarnos al sueño (sumado al ritmo cambiado, falta de actividad física, escasa luz, etc.). Todo esto tiene un impacto negativo sobre nuestra salud, en un momento en donde, por el contrario, debemos ayudar a elevar nuestro sistema inmunológico”, sostiene.
El sueño participa en la regulación metabólica, así como en la reparación de tejidos y limpia a nuestro cerebro de radicales libres y proteínas aberrantes, como la beta-Amiloide, precursora de la enfermedad de Alzheimer.
Entonces, ¿funciona de forma distinta la memoria en cuarentena? ¿Soñamos distinto? “Para responder esto diseñamos un experimento que estamos ejecutando desde el inicio de la cuarentena para ver cómo se modifica nuestra capacidad de adquisición y consolidación a lo largo de este período, y a su vez cómo se modifica nuestra ansiedad, estado de ánimo, estructura de sueño, etc”, señala la experta.
Si bien destaca que hay que esperar los resultados de los estudios para responder la pregunta, dice: “Puedo anticipar que estamos viendo que la capacidad de adquisición de nueva información, más que nada de detalles, se encuentra alterada y que a su vez presentan un estado mayor de ansiedad. Igualmente hay que recolectar más datos para ver si se mantiene esta tendencia y analizar además qué ocurre con otras fases de la memoria y qué variables (calidad de sueño, nivel de ansiedad, etc.) correlacionan con estos cambios”.
Tecnología para analizar el sueño















(Shutterstock)
Actualmente, este laboratorio de ITBA está desarrollando un dispositivo inalámbrico de estimulación acústica de lazo cerrado en colaboración con el Instituto Pladema y el Centro de Inteligencia Computacional CIC-ITBA, para incrementar la cantidad y calidad de ondas lentas para que, por ejemplo, sea utilizado en adultos mayores.
“Este dispositivo también contará con la clasificación posterior de las fases de sueño, usando Machine Learning (aprendizaje de máquina). Cabe aclarar que los adultos mayores tienen una disminución en la cantidad de sueño profundo, sueño MOR, y un aumento en los despertares. Las ondas lentas, tanto en su cantidad como calidad, disminuyen a medida en que vamos envejeciendo (¡ya a los 40 años comienza a observarse esta disminución!)”, dice.
Asimismo, con el CIC del ITBA están comenzando a utilizar algoritmos diseñados por el Dr. Rodrigo Ramele para la detección de eventos específicos durante el sueño, para estudiar su función en la labilización/reestabilización de memorias durante el sueño y su comparación que eventos inducidos por la presentación de estímulos.

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