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El juicio de Ana Julia Quezada














El abogado de la defensa de Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte violenta del niño de ocho años Gabriel Cruz en Rodalquilar (Níjar, Almería) en febrero de 2018, ha trasladado este jueves que "no" se "está manteniendo la igualdad" en la vista oral y que se está "lesionando" el derecho de defensa.
El letrado Esteban Hernández se ha pronunciado en estos términos al término de la cuarta sesión del juicio en el que ha hecho formulado protesta en varias ocasiones por las decisiones adoptadas con respecto al interrogatorio de los testigos-peritos que han comparecido y en el que ha llegado a invocar el Pacto de Roma, del que ha dejado constancia en acta.
"Entendemos que lo habitual en el uso del foro es que pregunte en último lugar la defensa y, por lo tanto, cuando se está invirtiendo ese orden, pues entendemos que se vulnera tanto el convenio de Roma para la protección de derechos fundamentales como la Constitución Española al igual que otros convenios de protección de derechos humanos, entre los que está un juicio justo", ha dicho en declaraciones a los periodistas a las puertas del Palacio de Justicia de Almería.
Hernández-Thiel ha indicado que existe una "discrepancia" entre la Presidencia del tribunal de jurado y la defensa que el ejerce "sobre la interpretación legal y el uso del foro" y ha afirmado que es "nuestra labor poner de manifiesto cualquier quiebra de garantías que entendemos pueda haber".
"Yo formulo protesta cuando entiendo que procede hacerlo", ha señalado para trasladar su respeto al "duro y muy complejo trabajo de los jueces" al valorar estas cuestiones. "Es una gran profesional independientemente de que podamos discrepar en sala sobre como conduce el debate", ha apuntado en alusión a la magistrada Alejandra Dodero.
Por último, y tras remarcar que la formulación de protestas es algo fundamental, ha recordado que ya en la fase previa de preparación del juicio oral "hicimos constar por escrito nuestra discrepancia con el orden de la práctica de la prueba".
"La defensa está tumbada desde que empezó el asunto"
Por su parte, el abogado de la familia de Gabriel Cruz, Francisco Torres, ha señalado que la defensa está "tumbada desde que empezó el asunto" a pesar de que se ha "intentado disfrazar de accidente lo que no lo es". En esta línea, ha insistido en que las declaraciones de los 14 investigadores que han prestado testimonio este viernes han "mantenido la tesis de que ella obstaculizó todo lo que pudo la investigación" y trató de dirigirla "a otro sitio".
Igualmente, ha defendido la actuación de la magistrada-presidenta del tribunal, quien "sigue al pie de la letra lo que dice la ley". "Quizá habría que leer la ley o estudiarla, o releer el convenio de Roma al que se ha hecho alusión. Es completamente disparatado", ha opinado.
"Únicamente reconoce los hechos cuando la cogen tan 'in fraganti' como cuando la cogen", ha explicado el letrado, para quien las explicaciones ofrecidas durante la primera mitad del juicio en defensa de la acusada "no dan salida a otra serie de cosas que existen en las actuaciones", por lo que, a su parecer, se hace un "flaco favor" en "pos de la eventual colaboración".
De otro lado, Torres ha asegurado que, conforme avanza el juicio, no puede "obviar" un "sentimiento de tristeza" en cuanto a que cada vez tiene "más dudas en torno al pasado de esta mujer". "Esas dudas me entristecen", ha apostillado sin ofrecer mayor explicaciones al respecto.


El capitán de la UCO de la Guardia Civil que interrogó a Ana Julia Quezada tras su arresto el 11 de marzo en el municipio de Vícar (Almería) cuando portaba el cadáver del niño Gabriel Cruz ha indicado que sí manifestó "su voluntad" de declarar y que afirmó que el menor "intentó agredirla" previamente, una "agresividad hacia ella" que ya mencionó durante los once días de búsqueda.
"En esos días llegamos a oírle hablar mal del niño. Fue una reacción de ella como mínimo chocante ya que decía que le insultaba, que decía que era 'muy fea' y que una vez que se marchó a la Republica Dominicana le dijo que 'no quería que volviera'", ha asegurado el capitán al aludir a la versión que dio Ana Julia Quezada sobre por qué se produjo el crimen.
En su testifical, ha matizado que la procesada "nunca reconoció que fuera muerte dolosa, premeditada o cualquier episodio que pudiera ir en contra de ella" después de que la fiscal haya remarcado que se le había detenido "con el cuerpo".
"Ella sí que reitera que fue de forma accidental", ha concretado para, después, a preguntas de la acusación particular, precisar que "sí habló" con sus abogados "unos momentos antes" de que se le tomase declaración "porque ella así lo pidió".
Ha relatado que en su interrogatorio aseguró que el menor "intentó agredirla, que se defendió y que no calculó la presión que ejerció sobre la cara aunque no tiene mucho sentido tampoco lo que relata". Al hilo de esto, ha señalado que la versión que dio Ana Julia Quezada sobre por qué se produjo el crimen iba en la línea del "discurso" que había mantenido durante los once días de búsqueda y en los que "llegamos a oírle hablar mal del niño".
El agente de la UCO, quien estuvo en contacto "desde un primer momento" con Ana Julia Quezada, ha aportado un dato nuevo con respecto al momento en que las sospechas comenzaron a recaer sobre la entonces pareja sentimental del padre y ha indicado, a preguntas de la acusación particular, que la atención en esa "se fija desde el momento en el que se descarta al acosador de Patricia Ramírez porque ya estaba mintiendo a preguntas de personas y eso no tenía sentido".
Tras matizar que, en "ningún momento" se puede decir que hubo "colaboración por su parte", ha remarcado que, desde el "primer momento" en el que habló con ella en los primeros días desde la desaparición, "ocultó ciertas verdades sobre su persona que nos despertaron extrañeza porque no tenía sentido que nos mintiera en ese momento".
Tampoco en esos días dio "explicaciones lógicas" al tiempo que había pasado en la finca de Rodalquilar el día en que murió Gabriel o lo que había ido a hacer a esa casa "cuando sabíamos por el movimiento de los repetidores de teléfono que había estado allí". También a preguntas de la acusación particular, ha señalado que, del contenido de esa primera declaración, no se desprendió ningún dato relevante para la investigación.
"Era totalmente irrelevante, muchas de las cosas que decía carecían de sentido lógico", ha trasladado ante el jurado popular, ahondando en lo contestado a la fiscal Elena Fernández a la que ha expresado que "desde un primer momento" su versión "no nos cuadraba mucho con la secuencia que nosotros teníamos de lo que había pasado con respecto al homicidio". Con respecto a la inspección ocular realizada en la finca de Rodalquilar donde se produjo el crimen y donde sepultó al menor durante once días, ha indicado que "llamó la atención" de los investigadores que el hacha aportada como prueba de cargo "no estaba en un lugar visible" y que estaba "como escondida, no en la escena principal de los hechos, por lo que pensamos que podía haber sido arrojado desde una casa a otra".
Junto al capitán de la UCO ha prestado testifical-pericial un agente del Servicio Cinológico de la Guardia Civil, quien ha precisado que, en la finca de Rodalquilar, el perro marcó por presencia de restos biológicos "un cubo de fregona, la propia fregona y un punto en el suelo" de la sala en la que se habían producido los hechos. En el exterior, dos perros marcaron el mismo punto en la pasarela de madera que rodea la alberca a cuyos pies sepultó el cadáver".
Más de dos horas buscando las prendas
Los agentes que participaron en la investigación también han explicado el seguimiento que se realizó a Quezada el 5 de marzo cuando se desplazó en el coche de Ángel Cruz hasta el barrio almeriense de Retamar, después de que anunciara que iba a tomar un café con una familiar en Campohermoso, y diera "vueltas sin sentido" por el barrio almeriense antes de regresar "a gran velocidad" hasta Níjar. Este aspecto levantó nuevas sospechas entre los agentes porque "había mentido a la familia".
"Posteriormente supimos que fue a deshacerse de la ropa y la encontramos en un contenedor de vidrio", ha detallado el agente, quien ha explicado que, tras la declaración en la Comandancia de la sospechosa, se solicitó la colaboración de la empresa de recogida de vidrio para inspeccionar los contenedores del barrio y encontrar las prendas, lo que supuso una búsqueda de más de dos horas hasta dar con el pantalón de chándal, la chaqueta roja, la camiseta blanca y las zapatillas de Gabriel.
Los investigadores reprodujeron el itinerario realizado por Quezada y marcado por los repetidores del teléfono que llevaba para tratar de determinar si había contado con colaboradores o había concertado alguna entrevista durante su recorrido. Igualmente, han negado que la acusada especificara el lugar en el que arrojó las ropas, que no desaparecieron porque la actividad de recogida se hacía por entonces "cada 30 días".
En relación a la camiseta hallada en el barranco del Águila dos días antes y que había sido puesta por la acusada intencionadamente en un cañaveral, los investigadores han precisado que la misma presentaba signos compatibles con un "roce deliberado". "Pensamos que esa camiseta se apelmazó y se tiró contra el suelo para causar esa mancha", han indicado antes de ratificar que la prenda había sido tocada por el padre del niño y por la acusada.
Protestas de la defensa
Durante la vista oral han sido varias las ocasiones en las que la defensa, ejercida por el letrado Esteban Hernández-Thiel, ha elevado protesta ante la magistrada-presidenta, Alejandra Dodero, por el orden de intervención en los interrogatorios al solicitar, o bien formular nuevas preguntas tras su turno en el último momento, o bien ser la última parte en efectuar sus cuestiones, lo que ha sido denegado por la magistrada al entender que el orden quedaba establecido por la propia propuesta de testigos.
En esta línea, ha rechazado interrogar, entre otras partes, al agente de la Guardia Civil que trasladó desde Vícar hasta la Comandancia de Almería para proceder al levantamiento del cadáver, ya que la vía "se empezó a llenar de gente" y "no daba garantías de seguridad". La vista también se ha visto interrumpida brevemente por un corte en el suministro eléctrico de apenas unos minutos, si bien se ha reanudado sin problemas.


Ana Julia Quezada ha afirmado este martes en la segunda sesión del juicio por el crimen de Gabriel Cruz que transportó el cuerpo del menor desde la finca de Rodalquilar en la que lo había enterrado 12 días antes hasta su vivienda en Vícar (Almería) con la intención de dejar su cuerpo en el garaje, subir a la vivienda, escribir dos cartas --una para el padre del niño y otra para su hija-- y tomar todos los medicamentos que transportaba para echarse en el sofá.
Se trata de la primera ocasión en la que la acusada del asesinato del pequeño Gabriel ofrece esta versión sobre su actuación, sentido en el que, a preguntas de la fiscal Elena Fernández, ha negado que en la mañana del 11 de marzo de 2018 acudiera a desenterrar el cuerpo de la víctima por sentirse "presionada" o tener constancia de que la Guardia Civil ya la había identificado como principal sospechosa.
"Pensaba dejarlo en el garaje de Vícar. Que me perdone todo el mundo", ha dicho la acusada, quien se ha echado varias veces a llorar durante el interrogatorio en el que ha afirmado que tenía la intención de explicar en sus cartas "todo lo que había pasado" así como pedir "perdón" por lo ocurrido, que nuevamente ha enmarcado en un accidente y no en una actuación premeditada según sostienen las acusaciones. "Perdóname hija mía, perdóname Ángel y toda la familia, que me perdone Dios por lo que he hecho, pero todo fue un accidente", ha dicho Quezada mirando directamente a la cámara dispuesta para grabar la vista oral.
La acusada, que se enfrenta a una petición de prisión permanente revisable, ha descartado además que los archivos hallados en su ordenador durante la investigación relativos al uso de plantas venenosas estuvieran ligados a una posible intención de matar al menor. "Mi sobrina es esteticien y hace mascarillas con esas plantas", ha dicho para explicar sus búsquedas días antes del fallecimiento de Gabriel.
Así, y tras rechazar también que le habría propuesto al padre casarse una vez que apareciera el pequeño, Quezada ha insistido en que solo recuerda haber puesto la mano "en la boca y en la nariz" del niño "para que se callara", de forma que se quedó "bloqueada" cuando se dio cuenta de que el menor no respiraba, según su versión. "Me quede allí un rato, me puse a fumar como una loca, salía y entraba, salía y entraba, no sabía lo que hacía", ha explicado en relación al día de los hechos.
Así, y tras rechazar también que le habría propuesto al padre casarse una vez que apareciera el pequeño, Quezada ha insistido en que solo recuerda haber puesto la mano "en la boca y en la nariz" del niño "para que se callara", de forma que se quedó "bloqueada" cuando se dio cuenta de que el menor no respiraba, según su versión. "Me quede allí un rato, me puse a fumar como una loca, salía y entraba, salía y entraba, no sabía lo que hacía", ha explicado en relación al día de los hechos.
En esta línea, y tras reconocer que no hizo el transporte del cuerpo "con cuidado", ha detallado que decidió entrar de nuevo a la vivienda y recuperar el hacha por la que supuestamente había discutido de forma previa con Gabriel, para terminar de ocultar el cadáver, ya que "le quedó una manita fuera" y "quería que quedara enterrado".  “Ceo que le di un golpe, con la cabeza mirando así porque no era capaz", ha dicho la acusada, quien posteriormente se hizo con la ropa y la metió en una bolsa para llevarla a casa de la abuela de Gabriel.
Aunque ha mantenido la versión del accidente y no ha podido explicar por qué ocultó las ropas del niño, Quezada tampoco ha podido ofrecer una explicación sobre los motivos por los que no dio aviso a los servicios de emergencia. "No pude llamar a nadie. Llamé a mi hija y a un montón de gente, pero no pude, no pude decirle a nadie lo que había pasado", ha reiterado.
Tras explicar su actuación durante la búsqueda, en la que ha reconocido que usó una camiseta de Gabriel para dar una pista falsa y que así le "atraparan" y haber estado en la finca en al menos otras cuatro ocasiones con distintas personas, ha detallado que finalmente se dirigió a la finca el domingo 11 de marzo por la mañana con su perra para desenterrar el cadáver.
"Quité la madera y todo lo demás, destapo a Gabriel y lo intento tocar, pero no puedo", ha indicado antes de especificar que sacó del coche, que había aparcado junto a la alberca, una toalla que llevaba habitualmente para evitar el pelo del perro y con ella envolvió el cuerpo del menor para meterlo en el maletero y poner rumbo a Vícar. Antes de marcharse, volvió a hablar por teléfono con el padre de Gabriel para decirle que estaba en la playa.
La acusada ha negado reconocerse en la grabación efectuada por la Guardia Civil en el interior del vehículo en la que pronunciaba expresiones como "¿Quieren un pez? Le voy a hacer un pez, mis cojones" y se cuestionaba si podría dejar el cuerpo en algún invernadero, aunque se ha reconocido en las fotografías que se le han mostrado de su último paso por la finca.

Ana Julia Quezada (d), autora confesa de la muerte de Gabriel Cruz, habla con su abogados Esteban Hernández (i) y Beatriz Gámez (c) al comienzo de la vista hoy en la Audiencia de Almería, donde se enfrenta a la pena de prisión permanente revisable por el asesinato del menor. 
EFE
Almería (España)
La dominicana Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte de un niño de 8 años, hijo de quien era su pareja en España, se enfrenta desde este lunes a juicio, en el que la Fiscalía pide para ella prisión permanente revisable, la máxima condena que contempla la ley española.
Quezada confesó haber matado al niño Gabriel Cruz en febrero de 2018, un caso que impactó a la sociedad española y la mantuvo en vilo durante los doce días que duró la búsqueda del menor.
La acusada llegó hoy sin incidentes a la Audiencia Provincial de Almería (sureste), provincia donde ocurrieron los hechos, donde se somete a un juicio con jurado, en una vista que se prolongará hasta el próximo día 18, que los nueve miembros (siete mujeres y dos hombres) emitan su veredicto.
Quezada, en prisión preventiva desde su detención, el 11 de marzo de 2018, se enfrenta a la pena de prisión permanente revisable, contemplada para asesinatos especialmente graves, y supone el cumplimiento íntegro de entre 25 y 35 años de cárcel dependiendo del delio.
Además, el Ministerio Fiscal pide diez años más de cárcel por sendos delitos de lesiones psíquicas a los padres del menor y casi un millón de euros por reparación del daño moral a la familia, así como los gastos generados por la búsqueda,
En su acusación, el ministerio fiscal señala que el asesinato se produjo el mismo día de la desaparición del niño, el 27 de febrero del año pasado, por "asfixia mecánica" y que para ello, "utilizó una fuerza desproporcionada con respecto a la del menor".
Pese a que mató al pequeño el mismo día en que desapareció, mantuvo silencio y participó en la búsqueda del menor que las autoridades emprendieron y que se prolongó durante doce días de angustia para su familia.
Fue detenida el 11de marzo de 2018 en una localidad de Almería con el cadáver del niño en el maletero de su coche.
Ana Julia Quezada llegó a España en 1995 y se instaló en Burgos, al norte de España, junto a una hija. Posteriormente se casó y tuvo otra niña.
La mayor de ellas falleció en 1996 al caer desde una ventana de una vivienda de Burgos a un patio interior, un caso que se cerró como una muerte accidental. Años más tarde se mudó al sur donde conoció al padre de Gabriel.

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