El uso de donantes fallecidos podría ampliar enormemente el acceso a este tratamiento, y nuestros resultados proporcionan una prueba de concepto para una nueva opción para las mujeres con infertilidad uterina.
El número de personas dispuestas y comprometidas a donar órganos después de su propia muerte es mucho mayor que la de los donantes vivos, lo que ofrece una población potencial de donantes mucho más amplia.
El útero donado se retiró durante el parto, algo normal en dichos trasplantes, de esta forma la paciente no tiene que seguir tomando los medicamentos necesarios para evitar el rechazo. Aunque también significa que es poco probable que esta niña extraordinaria tenga hermanos biológicos que compartan su gestación única en el futuro.
Con el reciente éxito, no solo se llega a la promesa de un mayor acceso a los órganos de donantes, sino también a información vital sobre lo que requiere un útero trasplantado para llevar con éxito un embrión hasta el final. [ScienceAlert]