Sus compañeros de trabajo también creen que Falling Man era él. Su hermano Timothy, quien tenía la tarea de identificarlo, lo reconocería por sus zapatos, similares a los representados en la captura. Vestía una camiseta naranja tan a menudo que Timothy solía burlarse de él por ello.
Sea como fuere, con los años se han dado otras probabilidades, ninguna confirmada oficialmente, y tal vez sea lo mejor. “La imagen es su cenotafio”, concluye Junod en su pieza de Esquire (a la que le siguió una película documental). “Y al igual que los monumentos dedicados a la memoria de soldados desconocidos en todas partes, pide que lo miremos y hagamos un simple reconocimiento. Que hemos sabido que existió The Falling Man todo el tiempo”, zanja el periodista.
El 11 de septiembre fue el evento más fotografiado de la historia, incluso sucediendo justo antes de la proliferación y estallido generalizado de las cámaras en los teléfonos móviles. En aquel momento de la historia estábamos a años de la verdadera revolución de las redes sociales, esas que permiten compartir información a niveles sin precedentes.
Es posible que de haber ocurrido unos años después, herramientas como Facebook o Instagram hubieran revelado la identidad de ese hombre que cae. O igual el ruido generado hubiera distorsionado aún más la realidad.
Hoy, casi dos décadas después de lo ocurrido, su figura sigue siendo un enigma, aunque también la imagen más poderosa con la que recordar y no olvidar lo que supuso el horror del 11 de septiembre. [TIMEWikipediaEsquireThe Guardian]