El por qué es más complicado. La autodestrucción puede responder a estímulos internos o externos. Este último caso tiene lugar cuando células del sistema inmune como los linfocitos detectan que hay una infección vírica en una célula y le transmiten a esta la orden de autodestruirse.
El segundo tipo de estímulo sucede, por ejemplo, dentro del útero materno cuando los dedos del bebé se separan para desarrollar las manos. Las células que mantienen unidos los dedos se autodestruyen para poder separarlos. También ocurre cuando una célula es demasiado vieja y su ADN tiene ya excesivas mutaciones. Antes de que esas mutaciones alteren el correcto funcionamiento de la célula, esta prefiere autodestruirse por el bien común.
Sí, el suicidio celular es uno de los trucos que tiene nuestro organismo para evitar la aparición de tumores. Por supuesto, el proceso dista mucho de ser perfecto. A veces las células enfermas no se sacrifican como debieran o lo hacen las sanas. Entender cómo funciona este proceso es crucial para combatir decenas de enfermedades desde el propio cáncer hasta otras dolencias degenerativas com el Párkinson.
Los biólogos de Stanford Xianrui Cheng y James Ferrell llevan años estudiando el proceso por el que una célula da la orden de autodestruirse y han logrado medir a qué velocidad se mueve este estímulo dentro de la célula y de unas cálulas a otras. La señal viaja a solo 30 micrómetros por minuto. Un micrómetro es la millonésima parte de un metro o la milésima parte de un milímetro. Traducido a algo más sencillo de entender, la muerte se mueve a 2 milímetros por hora, lenta, pero inexorablemente. [Science vía The Guardian]