La pieza no es otra cosa que un lector casero para clonar tarjetas. Cuando otros clientes pagan con su tarjeta bancaria, el dispositivo sobre el lector real guarda la información de las tarjetas. Más tarde, otro cómplice solo tiene que pasarse y retirar el lector para que los ladrones puedan usar los datos en Internet o crear duplicados. Eso suponiendo que no transmita la información de forma inalámbrica.
Obviamente no es algo que se pueda hacer en cualquier tienda. Hace falta un lugar con mucho tráfico de gente y que tenga un lector de tarjetas relativamente alejado del dependiente para que este no se fije mucho en él. Lo más sorprendente es la rapidez y la facilidad con el que se llevan a cabo este tipo de estafas que siguen en pleno auge. [Harry Williby vía Boing Boing]