¿Cómo saber si nos están mintiendo?

Pinocho le sucedía con frecuencia que tras cada mentira le crecía la nariz, un excelente indicador que delataba que el personaje de los cuentos no contaba la verdad.

Lejos de las fábulas, en la realidad, las personas no disponemos de una evidencia tan potente que nos ayude a detectar si alguien nos está engatusando, pero sí que podemos interpretar una serie de señales que pueden ayudarnos a descubrir la falacia.
Los seres humanos tenemos mucha trayectoria en el mundo de la mentira, ya que se dice que pasamos buena parte de nuestra vida contando incertez  as.

Los expertos dicen que desde los tres años nuestro cerebro está ya listo para elaborar argumentos que no se ciñen a la realidad y desde ese momento nos pasamos el resto de nuestras vidas contando trolas.

Pero lo más sorprendente es el comportamiento que manifestamos cuando engañamos, una actitud que se deriva del cerebro, que no puede atenderlo todo y mientras nos concentramos en mentir, una parte de nuestro comportamiento –a través de un gesto, de una mirada, de un tic o por algo que decimos- puede delatarnos completamente y revelar a nuestro interlocutor que le estamos vendiendo una moto.
Sonia El Hakim es una analista de la conducta especializada en el comportamiento no verbal. A menudo se enfrenta con el reto de analizar a las personas para determinar si detrás del mensaje que transmiten existe algún indicador que constate que están mintiendo. Y “de esos indicadores hay muchos”, nos cuenta la experta, quien nos asegura que deben analizarse debidamente y contextualizarse dentro del mensaje que nos dan y la puesta en escena del mismo.


Según la RAE, en su primera acepción, mentir significa “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Pero para El Hakim hay otros tipos de mentira que no necesariamente pasan por la contrariedad o la falsificación de un argumento, y quizás esa sea la mentira más común de todas: la que hacemos por omisión. “Lo que nos callamos es también parte de la mentira, siempre y cuando sea trascendental para comprender y argumentar la información que estamos dando”, explica.
“Llegar a casa a las 12 de la noche, en lugar de las 8, y decir que venimos de la oficina no es ninguna mentira, pero omitir que hemos hecho algo más que intimar con el atractivo o la atractiva responsable de recursos humanos –por decir algo- sí que es mentir”, añade la analista, reconociendo que se trata de uno de los asuntos más controvertidos con los alumnos en los cursos que organiza.


Sobre la mentira y el hábito de mentir se han realizado diferentes estudios que demostrarían que las personas tendemos a mentir de manera significativa, atendiendo como mentiras otras formas además de la falsedad. Para la experta, “la exageración también debería contarse como mentira, ya que alteramos conscientemente la realidad de lo que contamos”. De este modo, es fácil comprender la conclusión de algunos informes que determinan que en los discursos de diez minutos pueden localizarse hasta tres ítems mentirosos.
Algunos indicadores de la mentira
Para nuestra analista, el lapsus linguae (error que cometemos al hablar) es un gran delator y un buen aliado de los investigadores criminales. Si recordamos, “fue uno de los factores que alertaron de que Ana Julia, en el caso del niño Gabriel, ocultaba alguna cosa”. En su caso, utilizar el tiempo pasado refiriéndose al niño “hizo saltar todas las alarmas en la policía”, ya que este tipo de lapsus “suele ser uno de los errores más habituales de los criminales en el momento de mostrar su inocencia”, indica. Evidentemente que no solo el tiempo verbal inculpará un crimen a alguien, “pero junto a otros factores y junto a una sospecha inicial pueden sacarse algunos indicios”, añade El Hakim. Según la experta, los lapsus linguae se producen porque la verdad siempre está presente en nuestras mentes.


Los gestos también pueden aportarnos algo de información al respecto. Si conversamos con alguien que frecuentemente gesticula mucho y, en una determinada explicación, deja de hacerlo probablemente su cerebro se está concentrando más en mentir que en reproducir la habitual gesticulación. Por lo que, para detectar este factor, es interesante conocer un mínimo a la persona que analizamos y de la que pretendemos saber si nos está engañando o no.
“Algunas personas cuando argumentan o cuentan una relación de los hechos, meten la primera persona del plural, el “nosotros”, para intentar diluir la responsabilidad”, con lo que si el individuo cambia el sujeto de la acción de primera del singular a primera del plural, “probablemente esté intentando compartir culpabilidad para no focalizar toda la responsabilidad”, nos explica El Hakim.
Mentiras necesarias
Sabemos todos que existen diferentes tipos de mentiras y por eso entendemos que no todas juegan el mismo papel negativo en nuestras vidas. Algunas, de hecho, son necesarias para superar determinadas situaciones. Sonia El Hakim parafrasea a un autor y reconoce que la mentira es el aceite que engrasa la convivencia pacífica, porque “si todos fuéramos realmente honestos la convivencia sería insoportable”. La analista referencia en este punto a la sinceridad, aquella que pronunciada abruptamente y sin rodeos puede ofender o herir la sensibilidad del interlocutor.
La máquina de la verdad, el polígrafo
Hace ya muchos años, veíamos con asombro cómo la televisión introducía en sus programas el controvertido polígrafo, una máquina que a través de sensores es capaz de detectar si una persona miente en el momento de dar respuesta a una pregunta. Donde muchos ven magia, los expertos en esta materia ven engaño, o mejor dicho “una fiabilidad muy baja”. Para estos, la máquina de la verdad debe entenderse como una herramienta más y nunca como la única, “ya que es un aparato que mide la emoción del miedo en las personas” y eso debe interpretarse de muchas maneras en cada persona a analizar. Sonia El Hakim relata que se han dado casos de personas que se han sometido a los polígrafos bajo una situación de nerviosismo extremo y, aún contando la verdad, la máquina ha interpretado mentira, o viceversa.


Para la analista, el miedo en las respuestas del polígrafo pueden manifestase siempre, “bien sea por temor a ser descubierto o bien sea por miedo a que siendo sincero tú no me creas, ya que ante una prueba vinculante tengo mucho que perder”. Por lo tanto, la máquina no dice a qué se deben esos cambios psico-fisiológicos, sino que lo único que dice es que se están reproduciendo los cambios correspondientes a la emoción del miedo.
Sonia El Hakim, como analista de la conducta, imparte a lo largo del año diferentes cursos para compartir con el público sus conocimientos sobre estos temas. Por eso, el próximo sábado 2 de junio estará en Barcelona impartiendo un curso sobre Análisis y Detección de la Mentira.
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