Vero: la red social de moda

Ayer, los más inquietos en probar novedades en Internet hablaban maravillas de Vero, una red social que busca reemplazar a Facebook. 
Hoy, muchas de esas voces se rasgan las vestiduras y recomiendan borrarla. 
¿Qué está pasando? En el centro de toda la polémica está un millonario libanés llamado Ayman Hariri.

Un momento... ¿Qué demonios es Vero?

Si ya sabes la respuesta, salta al siguiente epígrafe. Si no tienes ni idea, sigue leyendo. Vero ha saltado a la palestra esta semana, pero no es para nada un servicio nuevo. La red social comenzó su andadura en julio de 2015, y desde entonces lleva operando sin pena ni gloria bajo el radar de las grandes. Si se ha hecho famosa de repente ha sido probablemente gracias a una agresiva campaña publicitaria que promete cuentas gratis de por vida al primer millón de usuarios que se registren.
Un momento, ¿significa eso que los que lleguen tarde tendrán que pagar? Pues... eso parece, pero nadie lo sabe con seguridad. Nadie en Vero ha dicho nada sobre cuánto habrá que pagar o con qué frecuencia. La noticia apesta un poco a maniobra de marketing, y hay que concederle que al menos está logrando que todo el mundo hable de ello. De hecho, la web de la compañía muestra un nuevo anuncio en el que aseguran prolongar la oferta de un millón de usuarios hasta nueva orden debido a los problemas técnicos. De nuevo, todo huele a campaña publicitaria finamente orquestada.
¿Merece la pena instalar Vero? Por ahora está demasiado llena de bugs y errores, y demasiado vacía de usuarios como para contestar a esa pregunta. 
Los creadores de Vero prometen que será una red social sin postureo, sin ruido, y sin publicidad, pero probablemente nada de eso está en sus manos, sino en las de los usuarios.
De momento, Vero es como si a Instagram le añades un fondo oscuro, la posibilidad de compartir más tipos de contenido (libros, música), un sistema de seguidores más parecido a Twitter y la posibilidad de seleccionar mejor con quién compartes qué.
Se supone que sus contenidos son estrictamente cronológicos (sin algoritmos que puedan manipular su importancia) y no requiere cortar las imágenes a ningún formato. Se supone que ambas cosas están atrayendo a una legión de fotógrafos artistas e influencers, pero tampoco está claro si esta migración es real o una parte más de la campaña para promocionar Vero. La intención es buena, pero también lo era la de Ello o Diaspora y ahí siguen. Intentando levantar cabeza. Internet es un cementerio lleno de muertos vivientes y buenas intenciones.

















El líder del parlamento libanés y hermano del CEO de Vero, Saad Hariri, en una recepción con Putin.

La conexión rusa

La gran mayoría del equipo técnico de Vero está compuesto por ingenieros rusos. A día de hoy esto no debería sorprender a nadie, y mucho menos teniendo en cuenta que el CEO es libanés.
Los hermanos de Hariri también siguen vinculados a la alta política y participan del parlamento libanés hoy en día. De hecho, conocen personalmente al primer ministro ruso Vladimir Putin, un nombre que últimamente evoca temores a noticias falsas y manipulación informativa de países fuera de Rusia.

Unos términos de privacidad preocupantes

Para registrarse en Vero es necesario dar tu nombre, una dirección de email válida y un número de teléfono. Es normal que una aplicación pida esa información por motivos de seguridad (doble verificación). El problema es que en los términos y condiciones de Vero se estipula que todo el contenido que vuelques pertenece a la red social, y que esta puede hacer uso hasta de tu nombre o imagen sin tu permiso o conocimiento.

¿Paranoia o temor fundado?

¿Significa todo esto que Ayman Hariri es un mal bicho que ha creado una red social conchabado con unos hackers rusos amigos de Putin para hacer vete tú a saber qué con nuestros datos? Pues no. Ese es el quid de la cuestión. 
Todo lo expuesto hasta ahora es sospechoso y preocupante hasta cierto punto, pero no es constitutivo de delito, ni prueba de que Vero tenga intenciones peores que las de cualquier otra startup tecnológica.
Parece claro que la empresa familiar de los Hariri tiene un pasado corrupto y numerosas causas pendientes con la justicia por maltratar a sus trabajadores, pero ese es un asunto de aquella empresa que deberá resolver el correspondiente tribunal. 
Los ingenieros de Vero son rusos, sí, pero dudar de alguien solo por el país al que pertenece no parece algo muy ecuánime. 
Para terminar, los términos y condiciones de Vero son tan ambiguos que hasta el propio CEO los malinterpretó. 
Nada nuevo bajo el Sol, especialmente en una compañía completamente novata en ofrecer un servicio tan complejo como una red social. 
Facebook lleva chuleándonos con sus términos y condiciones desde que el mundo es mundo y a nadie parece importarle.
Llegados a este punto, no puedo culparte si te sientes incómodo con el pasado de Ayman Hariri, o si todo esto te huele mal y prefieres mantenerte alejado de Vero. 

La cuestión es que, siendo honestos, es muy difícil saber si el movimiento alrededor del hashtag Deletevero tiene más de histeria colectiva y linchamiento que de auténtica reacción a unos hechos.
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