Una vez en el centro, comenzó la operación. Primero cortaron lo que quedaba de la tabla y la parte superior del tornillo. Según explicó Alan Cohen, el neurocirujano que llevó a cabo la operación:
Literalmente, estaba a un milímetro de morir desangrándose. El peligro del tornillo era donde estaba ubicado. Eso es lo que hizo que esta herida fuera tan grave: el hecho de que pudo haberse desangrado en cualquier momento.
Afortunadamente, siete horas después del accidente, los doctores pudieron quitar el tornillo, junto con pequeños fragmentos de hueso y un pequeño coágulo de sangre que se formó debido a la herida. “El procedimiento requirió una cirugía extra delicada, si tuviéramos que desenroscarlo, podría haber una hemorragia torrencial”, dijo Cohen a los medios. 
Por esa razón, los doctores perforaron cuidadosamente el cráneo a la izquierda y derecha del tornillo, de manera que pudieron manipularlo sin temor a un movimiento fatal. Luego, para reemplazar los fragmentos de hueso, el equipo instaló una placa de titanio. 
Por cierto, también le dieron al crío lo que quedaba del tornillo como recuerdo de lo cerca que estuvo de la muerte. “Un milímetro marcó la diferencia en este niño, ya sea para vivir o morir”, finalizó el doctor. [ScienceAlert]