Sin embargo, el origen del término se remonta más lejos, a la década de 1940 y la Escuela de Meteorología de Bergen, Noruega. En aquel entonces, una “bomba” de mar no tenía una definición formal, pero los meteorólogos la usaron para referirse a tormentas marinas destructivas. En ese momento, la amenaza a los barcos, crucial para crear una ventaja estratégica en la Segunda Guerra Mundial, generalmente eran bombas hechas por el hombre. Visto así, es fácil imaginar cómo la metáfora de una “bomba de mar” habría saltado a la mente.
Aunque la atención al ciclón inminente podría indicar lo contrario, estas tormentas, aunque peligrosas, no son tan raras. Vienen muy rápido, destruyen todo a su paso, y desaparecen.
Sea como fuere, cuando las personas escuchan bombas en la mente, estas tormentas violentas adquieren un aire de mayor importancia y amenaza, ya sea en la década de 1940, o en la actualidad. Y sí, la bomba que se aproxima a la costa este es una gran amenaza, sin duda, pero la forma en que hablamos de ella la hace mucho más aterradora. [Washington PostMashableUSAToday]