Los antiguos esclavos se habían mudado a las grandes ciudades en busca de trabajo, pero solo habían conseguido puestos “no calificados” entre los que destacaba el de mesero de un restaurante. Una investigación realizada por la autora Saru Jayaraman y Teófilo Reyes, del Restaurant Opportunities Centers United, revela cómo los propietarios racistas de estos restaurantes aprovecharon la oportunidad de usar las propinas como una forma de emplear a los negros sin tener que pagarles ningún salario en absoluto.
Para colmo recibieron la complicidad de los clientes, quienes acabaron aceptando la nueva práctica porque creían que era natural dar propina a sus “inferiores”. Así lo refleja esta cita de un reportero publicada en 1902, muestra de la actitud de racismo y clasismo imperante en aquella época:
Nunca había conocido a un sirviente que no fuera negro. Los negros toman propinas, por supuesto; uno espera eso de ellos, es una muestra de su inferioridad. Pero dar dinero a un hombre blanco me resultaba embarazoso.
Ya en 1880 los trabajadores negros representaban la mitad de la industria hostelera, así que con el tiempo la popularidad de las propinas las convirtió en una norma. Fue concretamente en 1939 cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera ley de salario mínimo, que permitía a los estados establecer un sueldo más bajo para los trabajadores que recibían propinas.
Hoy en día el salario mínimo para las personas que reciben propinas es de 2,13 dólares la hora, que es precisamente el salario mínimo que establecen 17 estados distintos para los meseros de los restaurantes. Sí, muchos de los empleados de tus restaurantes de comida rápida favoritos cobran $2,13 la hora, y dependen de las propinas para sobrevivir.
Pero lo peor de esta historia es que el racismo sigue muy ligado a la polémica costumbre estadounidense de vivir de las propinas, y es que los trabajadores que no son blancos se llevan a casa un 56% menos de propina que sus iguales blancos. Quizá sea el momento de pagarles un salario completo, como ocurre en Europa y buena parte del resto del mundo.