Otro sismo sacude México, el epicentro fue Oaxaca


Otro sismo sacude México, el epicentro fue Oaxaca

Otro sismo sacude México, el epicentro fue Oaxaca

El Sismológico Nacional informó que el movimiento telúrico fue de
 6.4 grados al norte de Ixtepec.
Sismo sacude a México, el epicentro fue Oaxaca Otro sismo sacude México, el epicentro fue Oaxaca Foto: USGS
Un nuevo sismo de 6,1 grados se registró este sábado en Ciudad de México, que se vio golpeada el martes pasado por un terremoto de 7,1 grados que dejó casi 300 muertos.

El Servicio Sismológico Nacional, que preliminarmente había dado una magnitud de 6,4, informó que el movimiento telúrico tuvo su epicentro en el estado de Oaxaca, en el sur del país.
El sismo obligó a parar las labores de búsqueda de víctimas del terremoto anterior, mientras que Protección Civil informó que hasta el momento no se reportan afectaciones en la capital.
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Aumenta a 286 cifra de muertos por terremoto de 7,1 en México


Ahora la cantidad de víctimas mortales en Ciudad de  México se ubica en 148, tras la más reciente actualización de las autoridades.
A 286 asciende la cantidad de fallecidos por el terremoto de magnitud 7,1 del martes en México, donde persisten las labores de búsqueda de personas entre los escombros, informó el coordinador nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Luis Felipe Puente.
En su cuenta oficial de Twitter, Puente precisó que 148 de los 286 fallecidos corresponden a la capital (Ciudad de México), 73 a Morelos, 45 a Puebla, 13 al Estado de México, seis a Guerrero y uno a Oaxaca.
Previamente, el coordinador de Protección Civil había indicado que al menos 200 personas aún se dan por desaparecidas en la Ciudad de México.
La madrugada de este viernes rescatistas cavan entre los escombros con picos y palabras para dar con el paradero de todas aquellas personas que yacen en las profundidades, debido a la fuerza del sismo, el más mortal de México en una generación.
"La sociedad puede tener la seguridad de que se trata de la prioridad número uno (el rescate de personas) y que no se detendrá", subrayó Puente en conferencia de prensa efectuada el jueves.

El terremoto de magnitud 7,1 provocó el colapso de 44 edificios en la capital mexicana, pero la asociación APL Ingenieros Consultores estima que unos 3.000 más corren el riesgo de derrumbarse porque presentan fisuras graves en muros, columnas y trabes.


"Te amo. Aquí estamos, tu familia. No nos vamos a mover hasta que te tengamos con nosotros": la importancia de arriesgarse 50 horas para recuperar un cuerpo del terremoto en México




Edificio derrumbado en Ciudad de México por el terremoto de magnitud 7,1 que sacudió el país el martes.Derechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO
Image captionSegún la última actualización -de la noche de este jueves-, del Sistema Nacional de Protección Civil, los muertos por el terremoto suman ya 286, 148 de ellos en Ciudad de México.

Todo es monstruoso. La magnitud, enorme. La escala, gigantesca. El drama, inabarcable.
En un terremoto las cifras se acumulan. Tras el que sacudió a México el martes, los muertos ya suman 286. Las construcciones colapsadas son miles. Los escombros, infinitos. El dolor, incalculable.
Y, sin embargo, en medio de tanta destrucción, la singularidad de un solo rescate cobra un significado especial. Es la importancia de recuperar a una persona.
Erick Gaona no sobrevivió. Tenía 35 años. Lo encontraron después de 50 horas, sabiendo que era difícil que estuviera con vida. Pero lo encontraron por un motivo.
El martes a la 1 de la tarde trabajaba en su oficina en el tercer piso de un edificio en la colonia Roma. La construcción quedó afectada, desafiando los riesgos volvió a recoger cosas y colapsó recién más de media hora después del temblor. Nunca salió.



Edificio derrumbado en Ciudad de México por el terremoto de magnitud 7,1 que sacudió el país el martes.Derechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO
Image captionLas autoridades capitalinas informaron que 38 edificios colapsaron por el terremoto.

En la tarde del día siguiente su hermana Karina tomó un megáfono y se acercó al edificio destruido:
"Te amo. Aquí estamos, estamos tu familia. No nos vamos a mover de aquí hasta que te tengamos con nosotros. Tu hija está bien. No nos vamos a mover de aquí hasta que te tengamos con nosotros. Tu mujer está bien. Tu mujer está bien. Tus papás están bien, tus hermanos, sabes que te amo. No me voy a mover de aquí hasta que salgas. Ten fe, que Dios te cuide".
La escena se repetiría. Pasarían horas hasta que hubiera una señal de él. En la medianoche del miércoles los equipos de rescate lo lograron divisar a unos 30 metros. Tal era la delicadeza y la complejidad del operativo que necesitaron más de 15 horas para llegar a él.
La esperanza de encontrarlo con vida nunca se perdió. Y aún con la sensación de que las probabilidades se reducían, para los que arriesgaban su vida para llegar a él los peligros valían la pena.

"Nos pagan con un gracias, una mirada"

Alexis Gómez es bombero voluntario, tiene 22 años y pasó más de medio día en un edificio con riesgo de derrumbe para intentar rescatarlo.
"Subes con la mentalidad de que si ahí arriba pierdes la vida por salvar a otra persona, tú la das sin ningún problema. Para eso estamos aquí". Lo dice con una naturalidad aplastante y un arrojo encomiable.



Rescatistas en una zona de derrumbe en Ciudad de México.Derechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO
Image captionSoldados, policías, socorristas y voluntarios trabajan sin descanso para sacar de debajo de los escombros a quienes se pudieron haber quedado atrapados.

"Es muy difícil", sigue, "se te vienen muchas cosas a la cabeza, pero lo único que tienes en mente es salvar a la persona. Me pongo en el lugar de la familia y es muy difícil saber que nunca vas a ver a tu familiar. Me han dicho que por qué hago mi trabajo si no nos pagan y yo digo que nos pagan mejor que cualquier persona en todo el mundo porque nos pagan con un gracias de sinceridad, con una mirada que te deja sin palabras".
Si de un terremoto brota lo más dañino de la naturaleza, también sabe hacer florecer la nobleza del ser humano.
Cuando está ahí arriba, su vida dependiendo de una cuerda para no caer, le sigue los pasos a los perros que apoyan la búsqueda, que marcan el camino e indican por dónde creen que podría haber una persona.
Entonces empiezan a hacer agujeros diminutos, pequeños túneles para introducir cámaras donde no llega el ojo. Cuando se mueven los escombros, cuando divisan algo, los puños derechos se elevan. Silencio.
Los cientos de soldados, policías, socorristas, voluntarios y periodistas saben que es la señal de que percibieron algo, que necesitan máxima concentración y es momento de miminizar los ruidos.



Efectivos de la Marina en una zona de derrumbe de Ciudad de México.Derechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO
Image captionDecenas de ciudadanos han sido rescatados y varios están ingresados en hospitales.

El puño en alto es sagrado. Romperlo garantiza miradas lacerantes. Es violar un código no escrito que une a desconocidos en el esfuerzo por sacar a una persona de entre una pila de escombros. Es un silencio casi místico, de recogimiento, una pausa que permite sentir el horror todavía más cerca.
En un descanso Alexis habla con la mujer de Gaona. Ella le da ánimos. Le dice que todo va a estar bien, que Erick va a salir, que él y el resto de los socorristas no se desanimen y que estaban haciendo un gran trabajo. Eso le dice la mujer que tiene a su marido entre los escombros al joven voluntario que lo busca.

"Es una lluvia de emociones"

La voz de Rosa Gutiérrez es un hilo. Llegó sola como voluntaria el martes en la tarde y no se ha movido desde entonces. Coordina, organiza, pide donaciones, se comunica con medios y organizaciones. Habla con los encargados del operativo para saber qué necesitan.
Estar acá, afirma, "es una lluvia de emociones, cuando la persona rescatada está viva es lo mejor que puede haber, pero incluso un cuerpo es muy importante para la familia".
Dice que tiene el mismo trauma que todos los que sintieron temblar la tierra el martes. Sigue en shock. No ha llorado, pero se le ha acercado gente que quiere llorar pero no puede y otros que no han podido parar de llorar.
"Como psicóloga", explica, "sé que estoy en una etapa funcional que no deja de ser crítica, que me tiene un poco más racional que emocional, pero que la emoción está plantada en tratar de funcionar para algo y para alguien...".



Un equipo coordina las donaciones en una zona afectada por el terremoto en Ciudad de México.Derechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO
Image captionLos ciudadanos han donado víveres y agua para los afectados por el terremoto en Ciudad de México.

Un grito que llega del otro lado de la calle la interrumpe. "¡Médico, médico, médico!". Una manada de personas sale disparada en esa dirección. Se dice que hubo una fuga de gas, una explosión y que hay un herido. Hay segundos eternos de incertidumbre. Falsa alarma. Así se opera de una clima de tensión constante.

"Ayudar es lo más importante para mí"

Para alcanzar a Erick los equipos de rescate se dividieron en dos. Uno buscaba rutas de acceso, el otro intentaba dar lo antes posible con él.
El general Gilberto Hernández Andreu, subsecretario de la Secretaría de la Defensa, supervisó el operativo sobre el mediodía del jueves. "Suponemos que es muy difícil que esté con vida", le decía a BBC Mundo antes de retirarse, "pero tenemos que hacer el trabajo quirúrgico para cerciorarnos, por si pudiera estar con vida".
En ese momento, explicaba, los socorristas estaban a dos metros, lo que implicaba entre tres y cuatro horas más de trabajo, "hay un riesgo de derrumbe, (pero) nuestra gente está adiestrada, estamos preparados".



XDerechos de autor de la imagenJUAN PAULLIER / BBC MUNDO

Sobre las tres de la tarde un manto de silencio empezó a cubrir la escena. El lenguaje corporal de los socorristas daba a entender que lo tenían. Luego una señal. Un aplauso breve y respetuoso. Un reconocimiento al esfuerzo. Sacarían a Erick sobre una camilla y cubierto por una manta. Demasiadas caras quedarían con ojos enrojecidos.
"Cuando lo vi", cuenta Alexis, "fue una sensación de preocupación y de alivio, de saber que satisfactoriamente se llegó a la persona". Tiene el rostro agotado, pero está en paz. La voz se le quiebra cuando habla de su familia. Él seguirá buscando personas en otras partes de la ciudad.
"Cuando puedo me comunico con ella, más que nada con mi mamá. Verla llorar cuando partimos es algo que te deja sin palabras. Me ha dicho: 'Hijo yo por mí no te dejaría ir, pero ¿cómo te digo que no si es tu pasión?' Ayudar es lo más importante para mí".


El rescate de dos niños atrapados en un colegio derrumbado en Ciudad de México
En medio del pánico y la tensión por los destrozos y las vidas que se cobró en México el potente terremoto registrado este martes, se vivió un emotivo momento cuando unos hombres que se acercaron a colaborar en las tareas de asistencia rescataron a un grupo de niños del Colegio Enrique Rebsamen, que se derrumbó por el sismo de magnitud 7,1.

Las imágenes son verdaderamente conmovedoras, pero desgarradoras al mismo tiempo.

En el video del rescate, divulgado en las redes sociales, se puede observar a dos hombres tratando de tranquilizar a los niños que llorando pedían auxilio. "Sácala por allá", se escucha que uno de los rescatistas le dice al otro.

La persona encargada de la filmación muestra que los menores habían quedado atrapados en un espacio muy reducido. Uno de los hombres alzó a una niña, la sacó de entre los escombros y salió corriendo para brindarle asistencia.

El otro rescatistas, por su parte, se quedó con otro joven que no paraba de llorar. "Ya mi niño", se escucha cómo lo consuela mientras lo rescata.

Las autoridades indicaron que al menos 21 niños murieron, y una maestra.



"Tienes que estar fuerte": el drama de los padres y familiares de los niños atrapados entre los escombros de la escuela Rebsamen, destruida por el terremoto en Ciudad de México

En medio del caos, los gritos desesperados, y los policías y militares que tratan de formar una valla humana, un hombre fornido con camiseta azul camina tambaleante hacia un puesto médico.
Le ayudan dos soldados que lo sostienen en pie. Muy pálido, balbucea su nombre, Leonardo, dice que quiere regresar, porque no puede alejarse del lugar donde está su hijo.
A 30 metros se encuentran los restos de la escuela Enrique Rebsamen, que se derrumbó casi por completo por el sismo de magnitud 7,1 en la escala de Richter que, a pesar de tener su epicentro en Axochiapan, estado de Morelos, a 120 kilómetros de Ciudad de México, se sintió con fuerza este martes en la capital mexicana.










Mapa

El movimiento ocurrió a la hora de clases, pero mientras seevacuaban las aulas parte del edificio colapsó, justo en la ruta de salida en caso de una emergencia.
Hasta ese momento, cerca de las 20:00, se sabía de 26 niños y dos adultos, al parecer maestros, que habían fallecido. Se informó que 11 fueron rescatados.
Otras 30 personas se consideran desaparecidas, aunque no está claro si se encuentran bajo los escombros o no, ya que tras el movimiento telúrico muchos padres se llevaron a sus hijos a casa.










Socorrista observa el techo colapsado de la escuela RebsamenDerechos de autor de la imagenEPA
Image captionNo se sabe cuántas personas se encuentran atrapadas.

Uno de los fallecidos era el hijo de Leonardo. Quienes tratan de sacar a las personas bajo los escombros le dicen que está sin vida.
Los soldados se le acercan con dos médicos. Es difícil saber cómo se siente porque los gritos alrededor no cesan.
"¡Oxígeno!", piden los que se encuentran sobre los escombros de la escuela y el mensaje se repite desesperado por la cadena humana hasta el lugar donde termina un cerco militar y policíaco.
La ayuda se envía desde ese sitio, a dos calles del desastre. Pero mientras llega, los gritos desesperados no cesan, lo que aumenta la sensación de urgencia en el de por sí dramático escenario.

Las cifras del terremoto que sacudió el centro de México este martes

217
personas muertas
  • 86 de los fallecidos estaban en Ciudad de México, el lugar con más víctimas fatales
  • 7,1 fue la magnitud del terremoto
  • 32 años se cumplía ese mismo día del devastador terremoto que dejó miles de muertos en México
  • 12 días antes hubo un temblor de magnitud 8,1 en el sur del país que dejó al menos 90 muertos
Leonardo intenta levantarse, pero uno de los médicos no lo deja. "Tienes la presión en 180. Te puedes infartar", le dice mientras aplica una inyección y luego le coloca una pastilla bajo la lengua.
"¿Cómo se llama su hijo?", le pregunto. El hombre sigue con la mirada fija en la escuela y me responde algo como "Alfredito".
No puede más. Una doctora le toma la barbilla y lo obliga a contar números, como forma de ayudarle a concentrarse y sacarle del shock en el que se encuentra.

"Escuché que cayeron piedras"

Para los habitantes de Ciudad de México el sismo de este martes no pudo ocurrir en peor momento.
Este 19 de septiembre se cumplieron 32 años del terremoto que en 1985 devastó extensas zonas de la capital del país.
De hecho, un par de horas antes del sismo se realizó un simulacro nacional de evacuación. En la capital del país muchos no lo atendieron.
Algunas de las zonas más afectadas entonces fueron las mismas que ahora sufrieron graves daños; es decir, colonias como Condesa, Roma, Centro o La Obrera.










Simulacro nacional de evacuación, 19 de septiembre de 2017Derechos de autor de la imagenS
Image captionMuchos en el país no atendieron el simulacro nacional de evacuación que se realizó unas horas antes, en el 32 aniversario del devastador terremoto en 1985.

Pero a diferencia de aquel terremoto que afectó sobre todo el área central de Ciudad de México, ahora el impacto afectó también a la región sur.
En ese área, el barrio de Coapa, se encuentra la escuela Enrique Rebsamen, al fondo de la Calzada de las Brujas, una estrecha calle de un barrio de clase media.
De entre las decenas de edificios derrumbados y personas atrapadas tras el sismo, el siniestro en el colegio es el caso más sensible.
Cientos de personas se acercaron para tratar de ayudar. Los familiares de los niños y maestros fueron virtualmente escoltados hasta los escombros del plantel.
La parte derrumbada era un edificio de tres pisos en el que se encontraban las aulas de kínder y primaria.
Es un colegio particular, muy conocido en el barrio. Algunos vecinos dicen que asistían alumnos de otras colonias.










El presidente de México, Enrique Peña Nieto (izq.), visitó el lugar de la tragediaDerechos de autor de la imagen
Image captionEl presidente de México, Enrique Peña Nieto (izq.), visitó el lugar de la tragedia.

María Gómez vive a tres calles de la escuela. "Nunca había vivido un temblor como éste. Por aquí los sismos casi no se sienten", le cuenta a BBC Mundo.
"Cuando salía de la casa escuché como que se caían muchas piedras y ladrillos. Luego supe que era la primaria Rebsamen".
Las piedras que escuchó María fueron, en realidad, las estructuras de concreto y los muros del plantel. Decenas de toneladas cayeron sobre las víctimas.
De los tres pisos del edificio quedó una montaña de escombros pero que, milagrosamente, dejaron huecos donde según los rescatistas se encuentran algunos niños.

Cadena de nombres

Uno tras otro llegan a la zona del derrumbe decenas de carritos de supermercado con agua, medicinas, palas, picos, medicamentes, botes con gasolina.
Quienes los empujan quieren llegar hasta la escuela pero no es posible. Ya hay demasiada gente en el sitio.










Socorristas sacan los escombros de una escuela destrozada por el sismo en MéxicoDerechos de autor de la imagen
Image captionLos socorristas retiran a mano los escombros de la escuela destrozada en Ciudad de México.

Los padres de los niños están frente al edificio. Hablar con ellos es difícil, no sólo por el momento que se vive ahora sino porque elementos de la Marina les protegen.
A unos metros de la escuela levantaron una carpa blanca, donde se colocan los cuerpos de los niños fallecidos. Los padres de algunos les identificaron en ese sitio.
Los escombros se retiran a mano, se introducen en cubetas y éstas pasan de mano en mano hasta una calle más adelante, donde se depositan.
A unos metros un joven delgado y pelirrojo lucha por hacerse oír en el caos. "¡Traigo una grúa industrial, una grúa grande!", grita hasta que un oficial de la Policía Federal le escucha. "Tráela, de volada (rápido)".
De pronto suena un silbato y los rescatistas levantan los brazos con las manos empuñadas. Es la señal para pedir silencio pues se escucharon ruidos y una voz bajo los escombros.
Así ha ocurrido durante toda la tarde y ahora que llegó la noche. Algunos niños lograron comunicarse con sus teléfonos aunque desde que ocurrió el movimiento, al mediodía del martes, la señal de los móviles fue casi inexistente.
Los voluntarios gritan el nombre de algunos niños y a veces hay respuesta. Entonces regresa la cadena de gritos.
"¡Familiares de Diego Sánchez Rivera, tercero B!" y el mensaje corre por la cadena humana hasta que una mujer de pelo castaño con ropa deportiva oscura y un hombre maduro llegan con prisa.
"¿Su hijo?", le pregunto al paso. "No, sobrino. No sé cómo está" y se agacha para cruzar bajo la cuerda con que policías federales pretenden aislar la zona del desastre.
Y minutos después otro nombre. "¡Papás de Santiago Diego!", es el coro. Otro: "¡Diego Hernández. Familiares de Diego Hernández!".
¿Fueron rescatados con vida? No está claro en esos momentos. Lo único que se conoce son los nombres.
Una ambulancia abandona el lugar. Se alcanza a ver a los paramédicos que atienden a alguien.
Cinco minutos después una buena noticia. "¡Mónica Soriano, la llevaron al Hospital Naval!", gritan los soldados, policías y voluntarios.

Piedra por piedra

La tarea de sacar a los niños y maestros atrapados es para toda la noche pero no importa, dicen los voluntarios que, a unos 300 metros de la escuela colapsada, organizan y separan las provisiones que llevaron cientos de personas.
Por momentos es demasiado. "Ya no necesitamos agua. Se está derramando", dice Sofía, una de las voluntarias en el rescate.










Socorristas en la escuela Rebsamen, destrozada por el terremoto en MéxicoDerechos de autor de la imagen
Image captionCon vigas de madera se intenta sostener el techo de la escuela.

Lo que sí es urgente, insiste, son los tanques de oxígeno, porque con ellos se ayuda a respirar a quienes están bajo los escombros.
Empieza el relevo de los voluntarios que llegaron en los primeros momentos. Salen cansados, la ropa cubierta de tierra.
Atrás de un primer grupo una veintena de soldados, policías y bomberos cargan una pesada viga de concreto. La sacaron a rastras desde el colegio Enrique Rebsamen.
Así son las maniobra: mover piedra a piedra mientras se sostienen con madera, losas, vigas, el techo de la escuela. Un descuido y puede venirse abajo.
Y entonces, el rescate, la reacción y apoyo de cientos de personas, sería inútil.
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